| « Matrimonio gay en Argentina | Portada | Masiva marcha del orgullo gay en Brasil » |
26 mayo 2008
Buscando a Nemo

A veces, entre rato y rato, te paseas entre el mar de mis neuronas, sobre la tabla, con tu desparpajo aries, fugaz, y al verte pasar me pregunto, ¿era ese Nemo?, sabiendo perfectamente que sí. Quién si no. Tu pasada sin mirar, tu pelo comiéndote media cara y tu lengua afuera, pidiendo aire permanentemente, te delatan.
Bailamos sobre casualidades que le dan caras a nuestra historia. Y en una de ellas andaba saliendo yo de Santa Barbara, tras almorzar en el que siempre será, para mí, el mejor argentino del Sur de California, dejando atrás, hasta muy pronto la preciosa ciudad en la que me gustaría vivir y morir si el director del banco me lo permitiera, cuando tras salir a la derecha, antes de incorporarme a la autopista, te ví el perfil por primera vez, Nemo, haciendo dedo. Con un mochilazo a los pies y el skateboard en la mano, mientras una orgía de viento y pelo bailaba un baile imposible sobre tu cabeza. “¿A dónde vas?”, pregunté. “A Los Angeles, tengo una entrevista.”
Ese fue el primer encuentro de una intermitente relación de amistad, pasión, risas y ensaladas de anacardos y mozzarella. Compartimos cinco días en los que aparecimos y desaparecimos como un clásico del cine comprimido en un minuto. Y luego nos perdimos el rumbo, quién sabe hasta cuándo. Y hasta tal cuándo, de vez en cuando, cuando te me cruzas y me haces perder el hilo, no puedo evitar preguntarme: ¿Dónde estarás ahora, Nemo?
En casi dos horas de coche, me creí tu historia. La que te traía como autoestopista desde la frontera de Washington con Oregón, despidiéndote cada mañana de un lugar distinto, cenando ostras gratis en Mendocino, durmiendo a pierna suelta en la cubierta de un barco vivienda en Sausalito, terminando la noche en un club refugio para viejos surferos en Santa Cruz, tras unirte a la ceremonia de la puesta de Sol en el faro. Gastando poco, conociendo a muchos, recopilando olores y haciendo acopio de sabiduría, la de cada cual que quiso aplicar para ser parte de tu relato costero. Tu parada en Los Angeles pretendía ser más duradera, bastante sí las cosas salían más o menos favorables. Hacía cuatro días, desde Portland, habías logrado concertar una entrevista, por email, para trabajar como asistente de servicio de habitaciones en el Hotel Beverly Hills, un trabajito nada estresante y poder comer y pagar el alquiler de las propinas para salvar íntegro el paycheck, y poder vivir así de lo que más te apetecía en este Mundo, con cierto tiempo, tampoco tanto: Saludar al Sol cada mañana, agradecido, pillando tubos, y por las tardes/noches, diseñando y fabricando desde tu propio taller, a ser posible cerca de la orilla, tablas de surf, quizás por aquí, quizás más al Sur del Estado. A saber. Al dejarte en el 9641 de Sunset Boulevard, te deseé lo mejor en todo empezando por la entrevista de hoy, te dejé mi tarjeta, sin ningún ánimo de que la usases nunca, me diste las gracias con una enorme sonrisa y un abrazo palmoteado tras ayudarte a bajar la mochila del portabultos. Y me dije, qué coño, qué afortunado ha sido el asiento del copiloto al haber mimado ese culo de bebé durante dos horas. Culo de bebé por lo redondo y grande, como si aún fuese prevenido con pañales.
Tres horas más tarde mi atención se había desviado hacia otras cosas. Andaba preparando los documentos para el día siguiente, localizando direcciones en internet, no perdiendo de vista el reloj, a un tiempo, para asegurarme la hora de la cena. La pantalla del teléfono móvil se iluminó con un zumbido. Era un mensaje breve desde un número desconocido: “I got it!”. Contesté con una llamada: “¿Quién eres?”, “¡Soy Nemo!”
Quedamos a cenar esa noche si no tenías planes. Casi te ruborizó aceptar. Al recuperarte en el coche, me bajé antes, me saludaste con una sonrisa cansada pero satisfecha por el pequeño gran triunfo. Te sostuve la cara con ambas manos en un gesto espontáneo dándote mi más sincera enhorabuena. Sin decir nada, tu rostro mullido movió sus ojos de un lado a otro escaneando, sin perder la sonrisa, los míos. Esa noche, de cena, pedí Suzuki, un pescado japonés, tú pediste tu plato favorito, una ensalada de varios verdes con mozzarella y anacardos. Nos contamos retazos del pasado. Te hablé de mi profesión, mis orígenes, tus ambiciones más en profundidad, mis proyectos. Me aclaraste que tu nombre verdadero era Shia, pero tu padre, a los diez meses te rebautizó como Nemo, cuando aprendiste a nadar a la fuerza, al escapar hacia abajo el flotador en la piscina. Así que tu nombre aventurero venía por el Capitán idealista de Julio Verne. De ahí saltaste a la mezcla de vinagretas de tu plato. Te chupaste los dedos.
Una vez fuera, la noche cálida pero ya muy encima, volvimos al auto. Tú, previsor dentro de lo imprevisible, te habías instalado ya compartiendo apartamento a veinte minutos patinando desde el hotel. Una vez dentro del coche te me quedaste mirando. Me sonreías, sin más y volviste a escanear de ojo a ojo. Pregunté “¿qué?”. “Nada, tú verás” – me dijiste – . Te tomé la mano suavemente, tú correspondiste con una caricia. Acercando a un tiempo nuestras caras, nos besamos.
Esa noche, en el hotel, en mi cama nos hicimos huésped el uno del otro, calculamos nuestros brazos, nuestras piernas, nuestros cuellos, nuestros culos, con la boca, con las manos. Me dejaste que te invadiera mientras tu boca roja, pulposa no dejaba escapar mis besos. Tu saliva golosa abrazó a la mía y ya no se nos calmó la sed hasta la madrugada, mientras mimamos la polla del otro. Explotamos dos, tres veces. Acabamos abrazados, tú sobre mí, dos soldados aliados, después de la batalla. Al despertarnos, nos amamos de nuevo, yo aún no me desperezaba cuando empezaste a mamármela suavemente. Primero con la boca, luego, tras un largo rato, con la boca y la mano, al compás, me tomaste de desayuno. Luego te elevaste hasta mi altura. Nos regalamos un jugoso beso. Tras un día en que yo anduve fuera y tú decidiste que me regalarías tu propia ensalada, te devolví la mamada de la mañana y fui yo, esta vez, quien acabó tomando de postre tu precioso jugo. Con la cabeza aún entre tus piernas, mientras continuaba besándote abajo, me abrazaste y me besaste con ternura la cabeza.
Luego llegaron un segundo día, y un tercero, y un cuarto y un quinto, que entre compromisos míos y primeros días de hotel tuyos, se hicieron mucho más terminables de lo deseado. En nuestros tiempos juntos, no prestamos atención a las calles, ni a la arena, ni a las olas, ni a la noche. No hubo Sol, no hubieron otros ruidos más que el ruido de nuestros besos, de nuestros gemidos, de nuestra alegría por habernos conocido. Conocí cada filamento oscuro de tus enormes ojos azules, encontré el fin y el comienzo de la variedad de tonalidades de tu rubio cambiante. Te perdiste en mis axilas, me hiciste morir de placer, sumergiendo tu cara entre las paredes de mi culo. No hubieron rincones en cinco días que dejásemos de explorar el uno en el otro. No hubieron otros amantes en esos cinco días más que nosotros. Fuimos tan irracionales, que sin decirlo, ambos nos lo creímos sin lugar a dudas. La última mañana, la de nuestra despedida, tras la ducha, te abrazaste a mí desde la espalda, me dí la vuelta y a un tiempo, comiéndonos las palabras al otro, nos dijimos: “Te echaré de menos”, con una sonrisa que estuvo a punto de ser amarga y que preferimos matar con otro largo beso. Era hora de dejarnos. Después del entrenamiento era tu primer día oficial de trabajo. Yo debía partir sin falta para estar esa noche de vuelta en San Francisco. Tenías mi teléfono. Yo el tuyo. Tú preferiste que no te llevase en el coche. Yo preferí, también, no despedirnos de nuevo. Un abrazo, una palmada, un “¿lo llevas todo?” y adiós.
Los siguientes días nos enviamos mensajes. Nos echábamos de menos entre obligación y obligación. Apenas una semana más tarde, hubo un descuido y un robo, el de mi teléfono. Perdí tu contacto, perdiste el mío. Dos meses más tarde volví a Los Angeles, pregunté por tí en el hotel. Ya te habías ido. No sabían dónde. Te había surgido algo mejor en la misma ciudad pero no sabían dónde. Sólo conocía tus nombres: Shia, Nemo, pero nunca supimos del apellido del otro. No volvimos a vernos.
A veces, entre rato y rato, te paseas entre el mar de mis neuronas, sobre la tabla, con tu desparpajo aries, fugaz, y al verte pasar me pregunto, ¿era ese Nemo?, sabiendo perfectamente que sí. Quién si no. Tu pasada sin mirar, tu pelo comiéndote media cara y tu lengua afuera, pidiendo aire permanentemente, te delatan. No te recuerdo con nostalgia, sino con la curiosidad de saber dónde estarás ahora, sabiendo que sea donde sea, no habrás parado de conseguir tus sueños paso a paso. Qué alegría, nene Nemo, haber sido co-protagonista del principio de uno de ellos.
.
Más noticias sobre:
Personajes,
Viajes,
Erotismo,
Curiosidades
Tags: amistad, besos, California, historia, Los Angeles, relación, San Francisco, ternura, USA
Comentarios (12)
| Trackback
Comentarios
Enhorabuena otra vez por la entrada. No se como lo haces pero leer tus posts es adictivo, normalmente un tocho tan grande no me llama muxo la atencion pero aki es imposible dejar de leer.
Por cierto la historia es preciosa, gracias por hacernosla llegar.
PD: el xico de la foto me suena muxisimo. es probable ke lo halla visto antes?
#1 | Escrito por Jose | 26 may 2008 15:58:20
¡¡¡Me ha encantado!!!! ¡¡¡¡maaaassss!!!! ;)
besitos
#2 | Escrito por sonia | 26 may 2008 19:49:06
Jajaja, Sonia, eres un caso. Muuuuuuuacks
José, gracias. Tengo la mala costumbre de escribir tochazos aquí, jeje, pero si a tí te ha gustado, venga, con dos cojones ;)
El de la foto no sé quién es. Nunca tuve foto del verdadero Nemo. Viene a ser una aproximación. Beso, tío.
#3 | Escrito por dan | 26 may 2008 20:03:15
Joder qué bonitooo!!! Dan, opino lo mismo que Sonia y que Jose, ¡me encantan tus posts! Y lo que cuentas, lo que te pasa, lo que piensas, ¡todo! ¿te quieres casar conmigo? jajaja! es broma, pero enhorabuena por lo que vives, y por cómo lo cuentas!
#4 | Escrito por Bm | 27 may 2008 02:08:45
Bn, me caso con el primero que me enamore y me sea fiel. Y que quiera venirse a vivir conmigo!!!, jeje
#5 | Escrito por dan | 27 may 2008 06:11:12
¡Ya hablaremos tú y yo de gobierno, que siempre quise vivir en los states! ;-) jeje!
#6 | Escrito por Bm | 27 may 2008 11:13:21
¡¡Yo quiero ser testigo!! ¿para cuando reservo el viaje? ;)
#7 | Escrito por sonia | 27 may 2008 15:08:05
Jajaja! Sonia, yo te cedería el honor, PERO lo que ha dicho Dan suena sencillo, y ya sabes, esto es como los problemas de matemáticas, el enunciado es sencillo, ¡y el problema te ocupa toda una página! jajaja Lo de ser fiel es fácil, lo de enamorarle ya… suena a roblema de matemáticas jajaja!
#8 | Escrito por Bm | 27 may 2008 16:16:20
Haber si te van a censurar tus relatos pseudoeróticos Dan… xD
Genial, como de costumbre ;)
P.D. Soy fiel y me gustaria vivir en California, ahí lo dejo jeje
#9 | Escrito por solrac | 27 may 2008 16:18:01
Dan me sumo a tu club de fans y por cierto ke a mi tambien me encanta California asike… jejeje. Ahora, eso si, lo de fiel no te lo puedo prometer porke con 16 años… ya sabes jeje (me acabo de dar cuenta de ke soy un niñato)
Weno ke espero ke vuelvas a escribir pronto ke soy muy impaciente, aunke se ke la espera merecera la pena seguro.
Hasta el siguiente comentario, adios y bss
#10 | Escrito por Jose | 27 may 2008 17:17:00
Sonia, a ver si te engaño y consigo que vengas, porque a este paso!!!… en fin.
Y a los casables, a ver, se admiten solicitudes. Por mi parte prometo ser fiel, y si soportáis que empiezan a crujirme las articulaciones y que ando de acá pallá sin parar la pata, empezamos a hablar, jajaja… Vaya, quién dijo sección de contactos?
Besos pa todos!!!!
#11 | Escrito por dan | 27 may 2008 19:35:11
Jajaja! sería buena idea, pero esto se convertiría en un cachondeo! Yo de momento ya os dejé la dire de mi blog por aquí, y no es cuestión de seguir poniendola, así que si me quieres conocer un poco mejor Dan, ya sabes ;-) jajaja! Y a los demás igual!
#12 | Escrito por Bm | 27 may 2008 20:59:26
Noticias relacionadas
05 septiembre 2008 | Record de besos lésbicos inspirado por Katy Perry
05 septiembre 2008 | El compañero ex-sacerdote de Cliff Richard
05 septiembre 2008 | Jodie Foster será Maggie Simpson
04 septiembre 2008 | Alec Baldwin dice ser gay cuando está en su casa de los Hamptons
04 septiembre 2008 | Dusty Springfield, el catolicismo y el matrimonio






