Ambiente G cumple cinco años

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Hoy hace cinco años que Ambiente G vio la luz con la intención de convertirse en un medio gay plural. Todos los editores, presentes y pasados, hemos trabajado duro para informar, divertir y reivindicar ofreciendo un espacio para compartir nuestros problemas e intereses como comunidad.

Evidentemente lo más importante aquí sois vosotros, los lectores, ya que sin los comentarios, sin vuestro apoyo y sin vuestra ayuda, el blog no sería nada.

Así pues, para celebrar nuestro aniversario, como ya es tradición, cada uno de nosotros contaremos una pequeña anécdota o recuerdo para que, si queréis, podáis conocernos mejor. Este año nos hemos inspirado en el blog Born This Way y os contaremos anécdotas de nuestra infancia.

Jose

Jose Ambiente G

Nunca me había explicado por qué nadie se sorprendió cuando, no hace demasiado, decidí gritar a los cuatros vientos que era gay. Incluso hubo en mi familia quién me dijo: “¿Has sido el último en enterarte?“. Nunca me había explicado la no sorpresa… hasta que me he puesto a buscar en el baúl de los recuerdos una foto que ilustrara este post. Lo que véis es sólo una muestra de lo que yo era de pequeño: risueño, desenfadado… y con bastante pluma, a juzgar por ese quiebro de mano que podéis observar. Me dicen, además, que jugaba a los mercaditos con las niñas del barrio y que incluso me comía alguna que otra mariquita. Parece que tenían razón… soy así desde siempre. Y orgulloso, por supuesto.

El Castigador

El Castigador baby

Creo que esta fotografía refleja como pocas como era de pequeño. Tranquilo, obediente, tímido, delicado… Y bueno. Era muy bueno. Mi padre siempre repetía a todo el mundo lo mismo: “Este chiquillo es más bueno que el pan“. Y sí que lo era. Tal vez por eso muchos se atrevieron a meterse conmigo con aquel insulto tan maravilloso que era “mariquita”. Desde luego, ellos lo supieron antes que yo. Eso sí que era un auténtico gaydar…

Peibols

PeiBornThisWay

No podría decir cuando me di cuenta que era gay. Pero podría decir cuando me di cuenta que no era hetero. El caso es que de siempre fui bastante marica. O al menos se comenta en las reuniones familiares, cuando casi todo el mundo lo sabía. Por eso creo que homosexual se nace. Al igual que pasivo, que como se puede ver en la foto, es una cosa que se lleva dentro desde siempre.

Dan

dan

Amante de las peleas a pedradas en las calles, carreras de bicicletas cuesta abajo y visitas frecuentes a urgencias para desesperación de mi santa madre, de niño, no respondía a lo que muchos creen debería ser el esquema de niño marica. Me gustaba liarla parda, y en un par de ocasiones, por gamberradas mal calculadas, escondí, con amiguitos de pequeña mafia, la cabeza, al paso de la policía. De aquellas escondidas habían dos cosas que me excitaban particularmente: saltarme el orden establecido con naderías y el jadear con media sonrisa cómplice, agazapado junto a mis amigos de perrerías, sintiendo el calor de sus cuerpos en el agradable roce del escondite.

A ese primer contacto le sucedió una primera vez en que otro amigo y yo, en la penumbra de un inmenso garage, nos mostramos con una mezcla de excitación por lo prohibido y dulzura, nuestros respectivos penes. Luego fueron cayendo los años y los primeros besos, más a ‘miembras’ del otro sexo que al propio, pero jamás ningún encuentro igualó la belleza y sensualidad de aquellos otros roces a escondidas, nerviosos, sonrientes y sudados. Reviviendo todo aquello y siguiendo paso a paso los consejos callados de mi intuición, de donjuan de quinceañeras y aniñada presa fácil de chicas mayores, pasé, olvidándome de pánicos y etiquetas, a ser por siempre, fiel al amor más instintivo, y ya véis, a tiempo parcial además, agradecido activista bloguero.

Nacho

Mi infancia fue feliz. Muy feliz, diría yo. Y así fue hasta lo que entonces era 6’ de EGB, momento en que todo se torció. Supongo que es una historia común para muchos de nosotros, pero a partir de ese momento, sin saber el motivo, mi mundo comenzó a resquebrajarse.

Con los niños, y con sus juegos, no me sentía a gusto. Con las niñas, con las que quería estar, tampoco aceptaban que un niño jugase con ellas y compartiese sus secretos, haciéndome sentir que no tenía lugar en este mundo. Pero suerte, todo eso pasó al llegar al instituto, y sobre todo a la universidad. Y hoy, no son más que un mal sueño que jamás debería haber pasado.

PD: por razones logísticas hoy no puedo subir mi foto, pero prometo subirla en cuanto vuelva a Zaragoza.

Susana

hacia frio

De pequeña era malísima, por eso llevo un cencerro en la foto; mis padres me lo compraron para poder seguirme la pista de todas las formas posibles —mucho me temo que hoy en día me habrían puesto un GPS—. No obstante, esta no era mi imagen habitual: según cuenta mi madre, siempre que llegaba a casa me quitaba la ropa, absolutamente toda, para que el mundo entero pudiera observar lo guapa que iba con mis ‘tatuajes’. En realidad no eran más que unas calcomanías que regalaban los Phoskitos y que yo me ponía por los brazos y el pecho consiguiendo una pinta de matona de mucho cuidado. Todo apuntaba a que sería una bollera un poco más bruta de lo socialmente aceptable pero, finalmente, para consuelo de mis padres, me quedé en bollera a secas.

Por cierto, aborrecía los Phoskitos, pero igualmente hacía que mi madre me los comprara –prometiéndole que me los comería-, para acabar poniéndome yo la calcomanía y endilgándole el pastelito a ella.

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