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pastel

Parece mentira que ya haga seis años que empezamos con Ambiente G. A este lado del blog siempre intentamos traeros el contenido más variado, desde sesudas noticias, hasta las petardadas más insustanciales que se nos ocurren, porque creemos que en la variedad de temas y opiniones radica la originalidad del blog.

Pero Ambiente G tampoco sería posible sin vosotros, los que comentáis, los que nos enviáis pistas a través del formulario de contacto, los que nos leéis silenciosamente… Gracias a vosotros nuestro trabajo cobra sentido.

Y como cada año, para celebrar nuestro aniversario, os vamos a contar algo más sobre nosotros, los editores de Ambiente G. En esta ocasión contamos como fue nuestra primera salida del armario, porque cuando eres gay te pasas la vida saliendo del armario, pero como en muchas otras cosas, esa primera vez te marca para siempre.

Nacho

Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza

Lo había intentado una y otra vez, pero al final, nunca me atrevía, ya que los miedos se me comían en una época en la que en mi entorno no había ningún gay fuera del armario. La elegida fue Rebeca, una de mis mejores amigas. Y para evitar escabullirme una vez más de contárselo, le avisé por mensaje que le tenía que decir algo importante. Así, quedamos una tarde en la puerta de mi Facultad, Filosofía y Letras, y ella llegó nerviosa, intranquila por mi mensaje. Tras soltárselo a bocajarro, fue como quitarme un tremendo peso de encima. Sobre todo, cuando ella respiró aliviada y me dijo que si todo lo que tenía que contarle era mi homosexualidad, que ella estaba preocupada porque pensaba al leer mi mensaje que había dejado embarazada a alguna o que tenía un tumor. Ahora, por suerte, recuerdos así me parecen lejanos y nebulosos, demostrando que a veces, los mayores miedos se encuentran en nosotros mismos…

El Castigador

David Bustamante

Para ser honestos, no recuerdo quién fue la primera persona a la que le dije que era gay. Supongo que fue a algún amigo, pero no alcanzo a saber cuál y cómo fue la experiencia. Lo que sí recuerdo, y dudo mucho que alguna vez lo olvide, fue como salí del armario con Chari, una de mis mejores amigas. Viví con ella en Málaga, en una residencia de estudiantes, y juntos compartimos horas y horas de la primera edición de ‘Operación Triunfo’. Una noche, algunos años después cuando ya no vivíamos ni siquiera en la misma ciudad, nos pusimos algo intensos en una conversación vía SMS. Así que le dije que tenía algo que contarle y, finalmente, me lancé a contarle mi homosexualidad de este modo: “¿Te acuerdas que me gustaba Nuria Fergó? Pues en realidad prefería a Bustamante“. Y oye, tan pancho que me quedé.

Jose

IES Príncipe Felipe

Cuando conocí a Roberto, un compañero de Instituto en el que estudiaba un módulo de Realización Audiovisual, fuimos amigos casi al instante. Era homosexual. Yo no. O eso creía yo porque él estaba convencido. “Cuando te des cuenta, espero ser el primero en saberlo”. Unos años después, descubrí sentimientos nuevos, hasta entonces desconocidos, u ocultos, para mi. De modo que cogí el móvil y, en tiempos del SMS, le escribí: “Tenemos que vernos, tengo algo que contarte”. En pocos segundos, me llamó, y me gritó: “¡¿Ya te has dado cuenta que eres gay?!”. Y efectivamente… Fue la primera vez que confesé algo nuevo y desconocido que, después, me ha permitido ser feliz y vivir libremente. Tras él, la confesión llego a todo mi entorno que, por suerte, lo ha recibido con absoluta normalidad.

Peibols

Si no me falla la memoria, la primera persona a la que le planteé mis dudas, acerca de mi (homo)sexualidad fue Helena. Nos sentaron juntos, de casualidad en el instituto y nos hicimos amigos. Sabía que Helena no tenía muchos prejuicios, así que un día, sin más, le acabé planteando mis dudas. Con 16 años, no te hacen falta grandes discursos de aceptación, muchas veces, con una sonrisa, una mirada cómplice y dos frases de apoyo, tienes la fuerza suficiente para seguir adelante. Nunca he sido realmente consciente de lo importante y positivo que fue esa naturalidad que mostró Helena ante algo tan natural como ser gay. Quizás por eso, desde entonces, no he vuelto a tener mucho miedo a decir lo que soy.

Susana

No sé cuanto tiempo hace que conozco a Enric, probablemente de toda la vida, íbamos juntos a clase y en el camino de regreso a casa forjamos una amistad que todavía dura. Un día como cualquier otro estábamos en mi habitación, probablemente escuchando música –cosa que mi madre parecía no creerse ya que entraba constantemente con las excusas más peregrinas-, cuando me armé de valor para contarle que era lesbiana. Él pareció sorprenderse por la noticia pero reaccionó con total normalidad, así que fue el primero en saberlo de una larga e inacabable lista. Lo más curioso es que aproximadamente un año después Enric me contó que él también era gay, pero mi madre todavía tardó lo suyo en asimilar que sólo escuchábamos música, porque siguió entrando en la habitación durante meses.

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Imagen | Mohib Ahmad

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