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No ya un beso, sino una primera cita, una conversación sobre la barra o en la cola del café pueden ser el comienzo y el fin de algo que prometía. No porque no gustasen tus zapatos, o te marcase el michelín o porque tuvieses un bad hair day, sino, ¿vas adivinando?, una exhalación de mal aliento.
Cuando se habla del origen del mal aliento, inevitablemente, la insuficiente higiene dental se posiciona en primer lugar. Una limpieza a medio hacer deja restos de comida que degeneran las piezas dentales y quedan incrustados en los pequeños espacios y ensucian el esmalte. Una alimentación inadecuada o problemas digestivos esporádicos o crónicos son también causantes de la desagradable halitosis, que en algunos casos debe ser disimulada constantemente por provenir de problemas crónicos del sistema digestivo.
¿Quién no tiene un sabor de boca no muy apetecible recién levantado de la cama? No temáis, no sóis un caso excepcional. El motivo es que durante las horas de sueño, las glándulas salivares también se echan a dormir un poquito, con lo que la producción de saliva disminuye y la ausencia de la misma en la cantidad habitual produce ese efecto. No obstante, si ni os acabáis de levantar, ni tenéis problemas gástricos y tenéis los dientes limpios como una patena y con todo eso notáis vuestro propio mal aliento, echadle la culpa a quien quizás no esperábais: la multifacética lengua.
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