¿Fue un hombre el gran amor de Marlon Brando?

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Cuando Marlon Brando murió en Julio de 2004, sus cenizas se repartieron. Parte de ellas fueron esparcidas en Haití, en donde vivió durante años y el resto en el Valle de la Muerte, en California, durante una breve ceremonia funeral a la que asistieron sólo su familia y el actor Jack Nicholson, su gran amigo y vecino puerta con puerta durante 30 años, que ejerció, por expreso deseo de Brando, de “maestro de ceremonias.”

Pero lo que pocos conocen es que las cenizas del actor no fueron esparcidas solas. Antes se habían mezclado con las de Wally Cox, un actor prácticamente desconocido, sobre todo fuera de los Estados Unidos, y cuyas cenizas tenía Brando guardadas en su habitación desde la muerte de Cox más de 30 años antes.

Pues bien, en Brando Unzipped (Brando al descubierto), una de esas biografías que se escriben años después de que sus protagonistas mueren, y en las que se revelan aspectos insospechados, o al menos oficialmente no reconocidos de sus biografiados, su autor, Darwin Porter, cuenta que el motivo de este hecho es que Wally Cox fue el gran amor de Marlon Brando.

Una vez aceptemos que en efecto Brando fue como mínimo bisexual (algo que él mismo confirmó en vida), no debería sorprendernos que un hombre fuera su gran amor. Lo que sí puede llamar la atención es que el protagonista de Un tranvía llamado deseo, uno de los “animales eróticos” más incontestables de la historia del cine, quizás el que más junto a Marilyn Monroe, se hubiera enamorado del modo en que al parecer lo hizo, de alguien que ni de lejos era especialmente agraciado físicamente.

Si hacemos caso de las palabras de Porter, en el lado femenino, Marlon tuvo amantes del calibre de Anna Magnani, Ava Gardner, Edith Piaf, Ingrid Bergman o la misma Marilyn. Del lado masculino la lista es igual de impresionante o aún más: el compositor Leonard Bernstein o el dramaturgo Tennessee Williams, y los actores Montgomery Clift, James Dean, Tyrone Power, Burt Lancaster o Rock Hudson, están entre los que compartieron sábanas y fluidos con el actor.

Brando, que siempre tuvo una personalidad atormentada, posesiva y violenta en contraposición a un lado hipersensible y en ocasiones casi femenino, comenzó a despreocuparse de sí mismo justo a partir del año de la muerte de Cox por ataque cardíaco. Hasta 1973 vemos a un Brando que se desnuda física y psicológicamente en El Ultimo Tango en París, el clásico de Bernardo Bertolucci (quien según la co-protagonista de la cinta, Maria Schneider, también estaba secretamente enamorado de Brando), para a partir de entonces descubrir a otra persona que se abandonó por completo, engordando hasta límites extremos y desinteresándose absolutamente por su oficio (tan sólo brindaría otra gran interpretación, la del Coronel Kurtz en Apocalypse Now de su amigo Francis Ford Coppola).

Por su lado, Wally Cox, antes de morir, dijo algo así como: “Lo único que voy a echar de menos realmente de esta vida, será caminar entre los árboles con Marlon.”

Si su amor fue verdadero o sólo fruto de las necesidades comerciales de un biógrafo, quizás nunca lo sabremos categóricamente, pero es hermoso saber que ambos terminaron fundiendo sus cenizas con el viento.

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