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En plena eclosión de la Revolución Sexual de finales de los años sesenta del Siglo XX, cuando el Mundo estaba necesitado de rupturas de las piezas de un juego esquivo a los menos poderosos que por desgracia acabó, décadas más tarde, por armarse nuevamente con otra revolución más acá de las puertas. Andy Warhol puso un mínimo capital y Paul Morrisey movió la cámara para recrearse en cada plano con una de las criaturas más hermosas que jamás hayan sido filmadas y expuestas en la Gran Pantalla.

En una época en que el cine independiente, cuando realmente lo era, se llamaba underground, el trío imprescindible en las enciclopedias del maravilloso cine imposible, trabajaron juntos en cinco títulos, de entre los que destaca una trilogía a la que la película que protagoniza esta edición de Gay Cinema pertenece, ‘Flesh’, ‘Trash’ y ‘Heat’. En la primera de ellas, que os recordamos aquí, su protagonista interpreta a Joe. Un chapero bisexual, al que su esposa despierta para que haga su recorrido de Alicia en un día cualquiera en la Ciudad de Nueva York.

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‘Flesh’ (Carne), abre y cierra de la misma manera, con un primerísimo plano de Joe (Joe Dallesandro), durmiendo en su cama de matrimonio. Su esposa Geri (Geraldine Smith) lo obliga a despertarse y salir a trabajar. Después de lograr desperezarlo, hacen un amago de tener sexo inacabado, tras lo cual, Joe comparte juegos y un pequeño pastel con su hijo de un año (Michael Dallesandro, hijo real del actor).

Joe en la calle. Su principal fuente de ingresos es como chapero de esquina. Ese día traerá dos clientes. Un joven que a cambio de veinte dólares le hará una mamada, y un dandy entrado en la tercera edad (Maurice Braddell), artista que introducirá a Joe en la teoría de la belleza clásica, poniendo como ejemplo el cuerpo desnudo del protagonista, porque el el artista pagará por dibujarlo posando como si de una sucesión de esculturas griegas se tratase.

Luego de un encuentro con su amante, Candy (Candy Darling) Terry (Geri Miller), que le agasajará con una felación en una pequeña reunión privada, volverá a la calle, en la que llegando el crepúsculo, decidirá despedir al Sol neoyorkino en compañía de David (Louis Waldon), que será la única persona con quien se encuentre ese día que no vaya detrás del protagonista con otro interés que cuidar de él, antes de volver a casa y tenderse en la cama mientras su esposa acaba en los brazos de su amiga (Patti D’Arbanville), quedándose de nuevo Joe profundamente dormido.

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Pese a su estructura narrativa aparentemente caótica, ‘Flesh’, considerada por la prestigiosa publicación ‘Empire’, como una de las 500 películas más importantes de la Historia del Cine, es a un tiempo el retrato de una época donde el descaro no se creía autosuficiente, donde la experimentación en todos los niveles era una fascinante parte indolora de la realidad, donde la censura no atrevía a enfrentarse al progreso, donde el sexo era la más honesta, por deshinibida, manera de socializar en un mundo que quizás por ello, confiaba más en sí mismo, y sobre todo, en cada secuencia, una sucesión de planos robados de una presencia que John Waters bautizó como ‘Un actor maravilloso que cambió para siempre la sexualidad masculina en la pantalla’ , caminando siempre por el lado salvaje, según Lou Reed: Little Joe, Joe Dallesandro.

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