Gay Cinema: ‘I love you, Philip Morris’

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Pocas películas han padecido un Vía Crucis más sufrido y comentado en los últimos años como ‘I love you, Philip Morris‘. Retrasado su estreno hasta el hartazgo, estrenada en contados paises de forma alterna y en pequeñas salas, su exhibición cinematográfica fue el reflejo del desconcierto de los distribuidores que se encontraron en las manos con un producto que no tuvieron ni puñetera idea de cómo vender. Al estrenarse, tras tan larga expectación, muchos espectadores, como los primeros aspirantes a distribuidores, quedaron igualmente desconcertados. Y ante el desconcierto, llovieron palos… de un lado, porque otro sector de público consiguió ver en la película de los estimulantes creadores de ‘Bad Santa’ y ‘Crazy, Stupid, Love’, Glenn Ficarra y John Requa un soplo de aire fresco entre la simplona red cartesiana de fórmulas cinematográficas al uso.

Una vez vista la película de principio a fin, uno entiende que quizás pudo haber habido una mejor forma, pero no mucho mejor, de contar la rocambolesca historia real de Steven Jay Russell, quien por crímenes de fuga y estafas acumuladas, permanecerá en prisión hasta el 12 de Julio de 2140, mientras afuera le espera su amado Philip Morris.

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Si alguien creía que la historia de Frank Abagnale Jr., inspirador de ‘Atrápame si puedes’ era increíble y única, se equivocaba. Steven Jay Russell también fue un estafador profesional, llegando a engañar hasta con su propia enfermedad, tras contagiarse presuntamente con el VIH, y muerte. Antes de eso, Steven (Jim Carrey) se casó, sabiéndose gay de toda la vida desde que veía, siendo niño, nubes con forma de polla en el cielo. Un día, tras un accidente, Steven decide dar su primer paso de gigante, saliendo del armario y se irá a vivir una relación ideal a Miami junto a Jimmy (Rodrigo Santoro), su primer gran amor,junto a quien vivirá una vida de derroche, del tipo que siempre supuso que debía vivir un gay en Florida. Las cuentas no le saldrán claras y empezará a recurrir a los excesos traspasando la legalidad y dando con sus pies en la cárcel, donde conocerá a su segundo gran amor, aquel que el primero le prometió que iba a encontrar, Philip Morris (Ewan McGregor).

Morris, naif y romántico encuentra primero el mimo, luego el sexo y definitivamente tras eso el amor, en brazos de Steven. Este, toda una institución en la prisión, saldrá de ella, viviendo una vida de lujo junto a su amado gracias a los frutos de su nueva gran estafa, haciéndose pasar para una importante firma como abogado. Pillado de nuevo, volverá a prisión y saldrá de ella, y volverá y se hará pasar por enfermo y cadáver, poniendo patas arriba la vida del bueno de Morris, cuyo amor, sin embargo, a la manera de Steven, quien nunca podrá dejar de ser un Houdini puñetero, será correspondido, aún desde la celda de aislamiento.

Dos actores sensacionales, Ewan McGregor, con una interpretación sentida, dulce y por momentos realmente conmovedora y el elástico Jim Carrey, que despliega aquí quizás más que nunca el abanico de todos sus talentos, logrando demostrar en el drama y en el puro slapstick, que es mucho más que el presunto bufón que le ha hecho amigo de los directores de banco. Ambos soportan una película que engrosa desde el momento del parto, esa heterodoxa clasificación de ‘cine de culto’, que es quizás el espacio en que acabará quedando instalada una película que rechaza por su propio estimulante planteamiento, cualquier otra clasificación.

Ingobernable, impredecible y definitamente fresca, subversiva, estimulante, tronchante y por momentos descarnada, ‘I love you Philip Morris’ ironiza hasta el absurdo los extremos de la misma historia en que se basa y supone también un retrato social, no tan disimulado como para pasar desapercibido, pero bañado en ironía extrema, que otorga al film una personalidad única que ayudará a hacerla más grande, me juego lo que sea, con el paso de los años.



Sobre

Rebelde, apasionado, singular, rompehuevos... qué sé yo. Dicen que soy indefinible, a Dios gracias! Definir personas es aburrido y sintomático del que está enfermo de pánico. Llevo años bailando sobre brasas ardiendo y o una de dos, o las brasas se apagaron o ya me acostumbré al fuego lento, porque luchar sigo luchando y soy enormemente feliz por ello. Por el camino he pasado necesidades y he aprendido a hacerlas aliadas y he ganado en sabiduría, en coraje y en cantidad de amigos, algunos amantes y un par de amores o tres absolutamente inolvidables. Uno de ellos, el más grande, Dan, da a esta cuenta su nombre. Mi presencia aquí es un homenaje al amor que nunca se ha roto entre nosotros, como retrato siempre apasionado, a veces alegre, a veces melancólico, del mayor amor de mi vida. Y si además de eso estoy por algo más, es por CREER, así con mayúsculas, que nuestra lucha por brillar en lo más alto como miembros de esta minoría maravillosa de la que formamos parte vale la pena, y aquí ando, mejor o peor, poniendo un granito de arena por ello. Para cualquier otra cosa, mi dirección de email es dan.ambienteg@hotmail.com y mi sitio en Facebook lo tenéis aquí.


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