Gay Cinema: 'La gata sobre el tejado de zinc'

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Newman/Taylor

Tennessee Williams es, probablemente, el más influyente dramaturgo norteamericano del siglo XX. También novelista y guionista, sin embargo el escritor sureño destacó sobre todo por su labor teatral. Ganador virtual de todos los premios dramáticos posibles por sus obras, dejó un legado impresionante que comprende piezas imprescindibles de la escena, como ‘El zoo de cristal’, ‘Un tranvía llamado deseo’, ‘Verano y humo’, ‘La rosa tatuada’, ‘De repente el último verano’, ‘Dulce pájaro de juventud’ o ‘La noche de la iguana’.

Sudor, muerte, avaricia, el Gran Sur, deseo, belleza, sexo. Los leit motiv comunes a toda su obra resultaron ser tan estimulantes para el gran público, que sus numerosas adaptaciones a la televisión o el cine se convirtieron en una necesidad y una referencia que popularizó aún más su ya notablemente conocida obra. No obstante, la mentalidad industrial y social de la época hizo que en muchas ocasiones el tamiz de la censura empañase en parte sus traslaciones a la pantalla.

Aún así, por el peso de los directores que se pusieron tras la cámara y los actores que obraron delante de ella, la calidad de los films que llevaban el sello de su nombre, han pasado en muchas ocasiones a obras mayúsculas del arte del celuloide. Una de ellas, la que os traigo esta semana vía Gay Cinema, ‘La gata sobre el tejado de zinc’.

O ‘La gata sobre el tejado de zinc caliente’, que fue el título original de la película en inglés que respetó el homónimo de la obra de Williams. La censura española de la época, cagada de miedo a la mínima insinuación alejada de la moral estricta nacional católica, prefirió mutilar la cola del título. Aún así, la presencia en pantalla por primera y última vez juntos, de dos de las presencias más hermosas y apabullantemente eróticas de la historia del invento que justifica esta sección, Elizabeth Taylor y Paul Newman, que llenaron de plenitud física y talento interpretativo cada fotograma, valen por sí solas el revisionado de este clásico de Richard Brooks.

Brick (Paul Newman), la noche antes de la vuelta de su padre, Big Daddy (Burl Ives), con quién sabe aún qué noticias médicas sobre su estado de salud para celebrar su 65 cumpleaños, borracho, intenta saltar una serie de vallas, rompiéndose el tobillo en la última de ellas. Maggie (Elizabeth Taylor), su hermosa esposa, le ha acompañado hasta la mansión familiar de la familia en Mississippi, donde tendrá lugar la celebración, a la que se unirán el hermano mayor de Brick, Gooper (Jack Carson), su esposa Mae (Madeleine Sherwood), y su troupe de hijos, o como Maggie los llama, monstruos sin cuello, o según el abuelo, troupe de monos, que entrenados por su madre, intentan acaparar la atención del abuelo, una vez más, plegándose a los presuntos deseos o necesidades del patriarca, que no tiene en realidad más ojos que para su hijo pequeño y Maggie, a quien su esposo sugerirá que salte como una gata desde un tejado de zinc caliente, ante el constante rechazo del mismo del deseo de su esposa de tener sexo con él.

Los verdaderos motivos de Brick para rechazar a su mujer y no poder evitar el dejar de beber, parecen ser conocidos, pero apenas mencionados. Su ex compañero de su etapa de deportista en activo y amigo, Skipper, se ha quitado la vida. Cada vez que se cita su nombre, Brick entra en cólera. Hablar de él supone entrar de lleno en un territorio que no quiere mencionar ni que otros mencionen. Más aún sabiendo que su rechazo explícito fue el motivo que llevo a Skipper a suicidarse.

Mendacidad. Hábito de mentir, es la palabra que Brick menciona constantemente como la razón de su abandono. El hartazgo de la ocultación de la verdad, la que le rodea, la suya propia, que no reconoce, frente a una realidad insoportable, la de la muerte, y no sólo la de su amigo, la avaricia y la vida, de la que la apasionada Maggie está llena y que desea complementar con otro tipo de vida, que sólo al final, Brick acabará concediéndole.

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El castrante ‘Código Hays’ impidió que los guionistas encargados de la adaptación, el propio Richard Brooks y James Poe pudieran hacer más obvio lo que en la obra se mostraba con claridad y en el film se insinúa en toda la medida posible, la atracción sexual entre Brick y Skipper. Tanto Tennessee Williams, como Paul Newman se mostraron abiertamente decepcionados por evitar mencionar este aspecto esencial, con lo que además se evitaba algo más que se hacía notable en el original, la abierta crítica a la moral homófoba y sexista imperante.

No obstante, la película obtuvo un extraordinario éxito de taquilla aquel año, multiplicando en recaudación casi 10 veces su presupuesto, y estuvo nominada para diversos premios Oscar, incluyendo mejor película y mejor actor y actriz para su pareja protagonista. No logró ganar ninguno. La Academia prefirió la ausencia de aristas de ‘Gigi’. ‘La gata… ‘ pese a los recortes, resultó ser demasiado gata.

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