Gay Cinema: ‘Paranoid Park’

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Una vez, al preguntarle a un pintor relativamente célebre por el mensaje que escondía uno de sus cuadros, respondió: ‘Mi arte no tiene secretosssssschhhhhh… ‘ posando el dedo índice en sus labios. Como artista, el genio creativo de Gus Van Sant, tampoco tiene secretos, sólo que libremente, en ocasiones, elige un camino inesperado para contarnos lo que en realidad quiere relatar. Frente al Van Sant, digamos figurativo de ‘Mi nombre es Harvey Milk’ o ‘El indomable Will Hunting’, está el Van Sant más reconocible para aquellos que comenzaron a seguir su filmografía en los tiempos de ‘Mala noche’ o ‘Drugstore Cowboy’, que es el mismo de ‘Last Days’, ‘Gerry’ o ‘Elephant’, donde de un modo más depurado podemos disfrutar de su envolvente sentido de la poesía narrativa.

Gus Van Sant, uno de los directores gay más reconocidos del cine mundial, no evita en casi ningún título de su fascinante filmografía, el elemento homosexual, incluso cuando este no es la columna que vertebra la historia que nos cuenta. En ‘Gerry’, Gerry acaba matando a Gerry, para ahogar el otro yo que no tolera, en ‘Last Days’ el protagonista, sosias de Kurt Cobain es idolatrado por uno de sus compañeros de la banda, en ‘Elephant’, los dos jóvenes asesinos, se hacen el amor bajo la ducha antes de su acto final, practicando así sexo por primera y última vez en sus vidas.

‘Paranoid Park’ no parece una película gay tras una lectura superficial, pero el subtexto que la sostiene y le da sentido es la historia de un joven adolescente torpe ante algo que quiere que suceda: La aceptación entera de sí mismo.

Portland, Oregón. Alex (Gabe Nevins), es un taciturno adolescente de 16 años, estudiante de High School y torpe aún, según confiesa, skater. Escasamente entusiasmado por su novia Jennifer (Taylor Momsen), con la que ha follado con absoluta desgana sólo una vez. A cambio, sin embargo, siente una profunda atracción por Paranoid Park una pista urbana de skate construida ilegalmente por otros skaters más experimentados, a donde le guiará por vez primera el guapo Jake (Jake Miller), cuya compañía, no obstante esquiva, prefiere a la de su chica.

‘Paranoid Park’. Es tanto su deseo por ‘estar’ allí, que repite su nombre escribiéndolo en su cuaderno a escondidas, en su casa, o, apartado de todos, donde el sendero de hierba acaba saludando a la playa.

En una de las escapadas nocturnas al parque , Alex se sube a un tren de mercancías. El guarda lo ve y lo persigue, defendiéndose de los golpes de este, le golpea en la cabeza con el skate, con tan mala fortuna que al caer hacia atrás, tropieza en los railes de una segunda vía y un tren pasa por encima partiendo el cuerpo del agente en dos.

Tras una investigación posterior que acabará, aparentemente conduciendo a nada, Alex, aconsejado por un amiga, escribirá como ejercicio de catarsis, lo que le está perturbando, para que luego con ello, haga lo que más le plazca. Alex, sigue su consejo y culmina el sacrificio de su paranoia, quemando su confesión en la hoguera.

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Simbolista hasta en el menor detalle. El propio director no ha querido nunca desmentir el subtexto gay que muchos han visto en una de sus obras más redondas, y que narra el fascinante, doloroso por un momento y finalmente liberador proceso de madurez de un adolescente que anhela aquello que está prohibido.

El skate es mucho más que una forma de entretenimiento u ocio para los jóvenes norteamericanos. Es muchas veces un refrescante, barato y eficaz medio de transporte y define la filosofía vital de quien lo usa regularmente. En ‘Paranoid Park’ el skate conduce a su protagonista a donde desea llegar y permanecer, el guarda despedazado a golpe de skate es la traumática respuesta de un entorno inmaduro a las necesidades, hechas realidad, de Alex La superación del proceso y del trauma quedan patentes con la simbología del fuego, que llevará a una sucesión de imágenes de chicos haciendo aquello que realmente les gusta, patinar, patinar, patinar.

Filmada con brillantez, combinando formatos y cortes musicales en una defragmentación narrativa propia de alguien que sabe claramente los mecanismos de cada uno de sus fragmentos, ‘Paranoid Park’, no es una cinta fácil, sobre la adaptación también complicada, a su entorno interno, de la especie más puñetera que habita esta tierra.



Sobre

Angel Dan Rebelde, apasionado, singular, rompehuevos... qué sé yo. Dicen que soy indefinible, a Dios gracias! Definir personas es aburrido y sintomático del que está enfermo de pánico. Llevo años bailando sobre brasas ardiendo y o una de dos, o las brasas se apagaron o ya me acostumbré al fuego lento, porque luchar sigo luchando y soy enormemente feliz por ello. Por el camino he pasado necesidades y he aprendido a hacerlas aliadas y he ganado en sabiduría, en coraje y en cantidad de amigos, algunos amantes y un par de amores o tres absolutamente inolvidables. Uno de ellos, el más grande, Dan, da a esta cuenta su nombre. Mi presencia aquí es un homenaje al amor que nunca se ha roto entre nosotros, como retrato siempre apasionado, a veces alegre, a veces melancólico, del mayor amor de mi vida. Y si además de eso estoy por algo más, es por CREER, así con mayúsculas, que nuestra lucha por brillar en lo más alto como miembros de esta minoría maravillosa de la que formamos parte vale la pena, y aquí ando, mejor o peor, poniendo un granito de arena por ello. Si queréis acceder a mi perfil de usuario para ver mis entradas favoritas, pues vosotros mismos. Para cualquier otra cosa, mi dirección de email es dan.ambienteg@hotmail.com y mi sitio en Facebook lo tenéis aquí.


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