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¿Recuerdas aquella época, en los pasos más tempranos del amanecer sexual, cuando los primeros deseos y necesidades y la confusión al sentir con seguridad que tu identidad sexual no era aquella que en teoría debía corresponderte? ¿Recuerdas sentirte sólo, excitarte con las imágenes con las que sólo tú pensabas que te excitabas, quizás mancharte con carmín los labios para probar a adivinar en el espejo quién o quién no eras?

Quizás no, quizás lo viviste de otro modo, quizás no fue tanto así dependiendo en la época en que el sistema de escuadras te encuadró, pero acerca de eso y con imágenes más basadas en la duda y el sentimiento que en una sucesión narrativa al uso se desarrolla ‘Wild Tigers I Have Known’, la crónica de gay adolescente a héroe, de un estudiante afortunado pese a su aparente infortunio en una pequeña ciudad encantada californiana.

Es 2006 en Santa Cruz y el debutante Cam Archer lleva de la mano a Logan (Malcolm Stumps), un chico de 13 años, marica de escuela. Desubicado como tantos, pero sin ánimo aparente de alienarse como muchos, Logan va a su bola por los pasillos y se masturba mientras ve juegos de luchadores en televisión, o pasa los ratos muertos sobre el sofá de la casa donde vive junto a su madre (Fairuza Balk), que lo tuvo siendo casi tan joven como lo es él ahora.

Logan serpentea por entre sus pensamientos, y lo hace tanto que lo hace siempre a solas en una ciudad que aún siendo habitualmente multitudinaria, parece un paisaje mental semi desierto.

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Amigo de un sólo amigo, Joey (Max Paradise), aspirante a nerd entrado algo en kilos con fijación por la astronomía, acosado en su escuela de vez en cuando, con el resultado de una nariz ocasionalmente sangrante, Logan tiene un objeto vivo de deseo, Rodeo (Patrick White), guapo, masculino, adorado por las chicas y mayor que él. Inesperadamente, Rodeo se hace el encontradizo y pasan a ser así como amigos. De algún modo la atracción es mutua, hasta el punto de que en uno de sus encuentros Logan alcanza la gloria de hacerle a su amigo una mamada.

Logan, tarado e invertido para el resto de toda una escuela que conoce lo que sólo él cree conocer, acaba por ser el más valiente de todos ellos, al encararse, frente a la huida de todos los demás, a un miedo real que parece no afectarle en absoluto sino más bien atraerle, acostumbrado a entrar de lleno, a través del espejo, en sus propios miedos.

Con la caradura del buen principiante, aquel que se atreve a seguir pocas normas narrativas al uso, el director debutante en el largometraje, aunque experimentado en cortos, Cam Archer, nos ofrece un recorrido de extraordinaria belleza visual por los pensamientos densos y los devaneos de un Logan al que probablemente conoce porque lo ha vivido.

Un hermosa ciudad que se presta a las más evocadoras imágenes, la liberal Santa Cruz, es el escenario para el recorrido del pequeño protagonista al que apenas maltrata y que termina por demostrar con una preciosa naturalidad que aquel acostumbrado a encarar sus miedos, es capaz de enfrentar luego cualquier otro insospechado.

Cautivadora, poética y transgresora, con ecos quizás no casuales al cine más emocionalmente provocador de su productor ejecutivo Gus Van Sant, Wild Tigers I Have Known’ puede o no gustar, pero si lo hace es por su capacidad de sorpresa y el positivismo en la historia de este pequeño super héroe, reflejo de muchos y evocador, quizás, de los pánicos de otros.

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