'The Kids Are All Right', anatomía de una nueva familia

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Moore Benning

Precedida por una magnífica acogida en Sundance y Berlín, se ha estrenado este pasado fin de semana en Estados Unidos en cines selectos y con la más alta recaudación por sala de todos los estrenos del año, por cierto, la nueva película de la directora Lisa Cholodenko, ‘The Kids Are All Right’, título del que nos hemos hecho debido eco en Ambiente G.

‘The Kids Are All Right’, basado en un guión co-escrito por la propia directora es, básicamente, la historia de lo que sucede cuando en el seno de una familia de madres lesbianas con dos hijos, un chico y una chica, aparece por sorpresa el hombre que donó el esperma para ambos. A partir de entonces un drama con aspecto de comedia, o sea una historia deliciosamente costumbrista fluye con la armonía pasmosa de un guión escrito por alguien que domina lo que pisa y un reparto perfecto en una película por la que la crítica se deshace en elogios y el que esto firma se encapricha en colocar como el ‘Brokeback Mountain’ del cine lesbiano con dos salvedades: Esta vez las dos cowgirls residen en Los Angeles y ambas acaban disfrutando de un final mucho más favorable.

Annette Bening es Nic, una doctora de éxito casada con Jules (Julianne Moore) aspirante a todo y centrada profesionalmente en casi nada, quien cayó enamorada del sentido del humor de la primera que a su vez se rindió a la belleza de la segunda. Ambas mujeres llevan una vida perfecta en algún lugar privilegiado de Los Angeles en compañía de Joni (Mia Wasikowska) y Laser (Josh Hutcherson), sus dos hijos nacidos de un donante desconocido que un día Joni se empeña en conocer.

Paul (Mark Ruffalo) resulta ser ese padre perdido, un niño grande en su vida privada y exitoso en el creciente mercado de la gastronomía orgánica. Al conocerlos a ambos, hace lo que en su nueva situación de relativa responsabilidad cree deber hacer, ponerse a disposición de estos en aquello en lo que pueda servirles de ayuda. El encuentro entre los tres traerá el posterior de ambas madres con Paul, lo que agrandará el círculo familiar de un modo que pudo haber sido enriquecedor para todos pero resulta ser, tras un apasionadamente inesperado viraje, un trauma para la perfecta armonía familiar del hogar de Nic, que pasa a ser entonces un poco menos de Jules.

El cómo, porqué y de qué modo se enredan y desenlazan los hilos de esta madeja perfecta que podría llamarse a sí misma la mejor película del año, con o sin el permiso de los amistosos juguetes de Pixar, lo dejaré en el aire por no empañar de espoilers la entrada y de excusas para que no queráis verla por vuestra cuenta, y no seré yo quien se sienta culpable para que dejéis pasar la oportunidad de visionar esta divertida, entrañable, generosa y sexy película.

La composición perfecta de tiempos y espacios quedaría rota con un cásting inadecuado que resulta no serlo en absoluto. Hutcherson y Wasikowska son dos adolescentes creíbles en dos personajes esenciales pero finitos. Ruffalo encaja como un guante, en las formas y en el físico en rol de eterno adolescente que al contrario que Jules, es maduro en los negocios, pero inconsistente en el amor, apurando apenas un poco, incluso por sus nuevos hijos. Nuestra adorada Julianne Moore se gana completamente su inseguro personaje con su habitual excelente oficio que queda eclipsado en este caso, sin embargo, por la prodigiosa interpretación de una inmensa Annette Bening, potencial receptora desde ya de cualquier premio de interpretación femenina este año por su encarnación de Nic, columna vertebral de esta casa y de esta familia, regalándonos una muestra sencillamente ovacionable del talento de quien es, posiblemente, junto a Meryl Streep, la mejor actriz del actual cine norteamericano.

Annette llena la pantalla con su virtuosa presencia y aunque sin ella la película podría haber sido igualmente buena, una vez vista, no nos la queremos imaginar sin ella. Comandando un hogar que tardó 18 años en construir, Bening enamora del mismo modo que enamorara en su día perdidamente y para siempre al otrora mujeriego Warren Beatty, haciendo de ‘The Kids Are All Right’ no ya una gran película sino una lección maestra de interpretación.

Así como es una lección mayúscula para aquellos malos brotes extremistas que se han lanzado aprisa a desposeer al film de todas sus virtudes ante el menjase diáfano que la película de Chodolenko expone. En esta familia, podrán haber dos madres y una fuerte crisis y una estabilidad, como en cualquier otra, jamás del todo estable, pero lo cierto es que al final, lo que cuenta, o lo que en este caso bien nos cuentan es que con todo ello, a los enemigos de los gays con hijos, hay que decirles que the kids are all right, los chicos están sin duda en muy buenas manos.

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