Carta abierta a un ovocito

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Querido ovocito:

A escasas semanas de que nazcas quiero escribirte unas líneas. Aún no tengo muy claro si esta carta te llegará, porque de aquí a que puedas tú leer, la tecnología habrá cambiado una barbaridad. Así que a saber en qué formato leerás esto. Igual te lo imprimo, que el papel siempre es un soporte bonito.

El caso es que tú aún no me conoces. Aunque has oído mi voz un par de veces. O eso dicen los médicos, que lo oyes todo desde la tripita de tu madre. Pues el tipo con algo de pluma y acento aragonés era yo. Pero imagino que mi voz se oirá mejor cuando no estés rodeado de placenta ni de líquidos ni de las cosas que estais rodeados los fetos antes de nacer.

Cuando nazcas verás que tienes dos mamás. No todos los bebés que estén en el hospital cuando tu nazcas tendrán dos mamás. Algunos tendrán una mamá y un papá. Otros tendrán sólo una mamá. Pero eso no es importante. Lo importante es que todos vuestros progenitores os quieren con locura y llevan muchos esperando veros la cara. Llena de mocos, pero cara.

Tus dos mamás han puesto mucho empeño, muchas ganas y mucha esperanza en ti. A partir de ahora, también tendrán mucho amor para darte. Tus mamás son dos mujeres tremendamente valientes y fuertes. Han luchado mucho por su amor, que no todo el mundo ha visto con buenos ojos. Ellas están ya curtidas en mil batallas verbales. Ahora van a dejar de protegerse ellas para protegerte a ti. No dejarán que nada malo te pase.

Te van a educar en la fuerza, en el respeto, el que quererte a ti mismo y en ser un buen ser humano. Desafortunadamente, desde la guardería en adelante te irás encontrando con gente que no ha tenido esa misma educación. Tú no les hagas mucho caso a esos hombres y esas mujeres, no saben lo que dicen. Intenta ser educado con ellos y no dejes que sus palabras te afecten. No merece la pena.

Te aviso, antes de que nazcas, que no suelo tener mucha química con los niños. Sois demasiado imprevisibles y yo demasiado cuadriculado y ordenado. Pero te prometo que contigo haré una pequeña excepción. Sin haberte conocido aún, te quiero mucho. Y aunque estaré lejos y seré como un medio tío segundo y lejano que aparecerá por tu casa una vez cada dos o tres meses cuenta conmigo para lo que necesites: para tu primer piercing, para tu primer tatuaje o incluso para tu primera resaca.

Sin más, me despido, pidiéndote perdón de antemano por el panorama político que te estamos dejando. Espero que puedas ir a una escuela pública decente, que puedas tener una seguridad social decente, que te jubiles antes que yo y que tus mamás sigan siendo un matrimonio. Aunque, entre tú y yo, los papeles no demuestran qué es y qué no es un familia. Una familia se basa en el amor, no en la burocracia.

PD: Espero que acabes siendo un hetero al que le gustan maduritas, porque me voy a hartar a hacerte ver vídeos de Kylie…

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