Cuanto tiempo perdido

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Estaba el otro día leyendo en la playa con mi novio, y me fijé en una parejita de chavalines que se sentaron al lado nuestro.

Debían tener no más de 20 años, y en principio, y a los ojos de todo el mundo, eran dos jóvenes amigos que iban a la playa sin más. Pero a los ojos de cualquiera que quisiera o supiera ver, eran dos chavales que se mostraban su amor en cada uno de sus gestos y movimientos, de una forma cariñosa y discreta, como si el resto del mundo no existiera para ellos.

Como ya he dicho, a los ojos de cualquiera, podrían pasar por dos amigos. Pero a nada observador que seas, se veía algo más, a la hora de darse crema por la espalda con un cuidado especial, con sus miradas furtivas e inocentes que sólo la recién abandonada adolescencia y los primeres amores pueden dar, las tímidas sonrisas que iluminaban sus caras cuando se miraban, o los leves y furtivos roces en las rodillas o en los hombros. Sin duda, entre ellos había eso que llaman química.

Y al verlos así, tan felices, pensé en lo maravilloso que era que dos chavales tan jóvenes pudieran amarse de esa manera, sin prejuicios, siendo simplemente ellos, Y la suerte que tenían de poder ser felices tan jovencitos, pensando en la cantidad de tiempo que había perdido yo, al igual que miles de gays y lesbianas, entre mis dudas, mis divagaciones, y los largos años que he pasado encerrado en el armario.

Años de gay armarizado en los que aunque he sido feliz por mi vida familiar, por mis amigos, y por la gente que siempre me ha rodeado y las cosas que he hecho, no llegaba a alcanzar la completa felicidad. Por muy feliz que fuera, siempre quedaba una parte que me impedía disfrutar de eso que llaman felicidad al completo.

Pero al ver a esos dos chavales, y sus sonrisas y sus miradas inocentes producidas por el primer amor, experimenté un sentimiento de alegría al ver que el sufrimiento y el trabajo de tantos gays en las últimas décadas daba sus frutos, más allá de las leyes.

Y que chavalines como esos, podían tener su trocito de cielo en la tierra en un lugar tan paradisiaco como es la playa de Zarautz.



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