Dan

abrazo
Desde que he sabido que Teresa de Calcuta perdió la fe durante cincuenta años, admiro mucho más a esta mujer, porque no entregó su vida a los más desfavorecidos por “mandato divino”, sino porque fue eso lo que ella realmente quería hacer. Le dió un sentido a su vida y sirvió de inspiración y fue fuente de respeto para todos, creamos en lo que creamos, o no creamos en nada de nada.

Alguien dijo una vez que la inspiración viene con nombres y apellidos y estoy de acuerdo con ello. Un paisaje dramático, por ejemplo, puede resultarnos una experiencia sublime y trasladarnos a no sé dónde espiritualmente, pero la inspiración que proviene de las acciones de otra persona, ya sea esta un activista social, nuestra madre, o un compañero del trabajo, son las que tienen verdadera capacidad de hacer temblar nuestras conciencias y darle un nuevo rumbo a nuestras vidas.

Quienes me conocen un poco, saben que Dan es un pseudónimo. Algunos de los que me conocen un poco más, también saben que no fue un nombre escogido al azar. Tan sólo unos pocos han sabido que Dan fue esa inspiración que marcó, seguro que para siempre, el resto de mi existencia.

Dan fue mi amigo, mi amante, mi oficioso esposo. Alguien lleno de vitalidad a quien la franqueza le chispeaba en los ojos. Su honestidad era tan cierta y plena, que para muchos era una fuerza viva de la Naturaleza. Por eso me sentí enormemente privilegiado cuando por razones que gracias a él fui comprendiendo, un breve tiempo después de haber empezado a vernos, pasó a ser mi primera pareja.

El optimismo realista de Dan provenía de una avasalladora seguridad en sí mismo, que a algunos les parecía arrogante. Nunca, ninguno de los que opinó eso de él, lo conoció más que lo mínimo. Su transparencia y extraordinaria humanidad podían hacer que se te saltasen las lágrimas, porque era tremendamente emocionante ver un ser de pura vida delante de tus ojos, actuando consecuentemente, de un modo tan inédito, que diría que sólo había conocido antes a “héroes” como él en cómics y novelas de aventuras. Imagináos lo bien que me sentí compartiendo mi vida con un tipo tan diáfano.

Un día, durante un viaje en que combinaba placer con negocios, durante una excursión en avioneta, Dan murió.

Restablecido del shock de su terrible pérdida, primero agradecí haberlo conocido, luego comencé a entender, que en esta vida, lo único que dura para siempre es nuestra propia vida. Las amistades, las relaciones, y en ocasiones, algunas personas, aparecen y desaparecen, a veces de un modo cruel, como fue este caso. Y creo que cada vez que algo sucede y supone un cierto impacto, es porque debió suceder para ayudar a superar ciertos obstáculos, para hacernos caer en la cuenta de nuestros errores, para desechar lo que creíamos conveniente para hacernos concluir que en realidad nos convenía más lo que pensábamos que era más inconveniente en un primer momento.

Antes de conocer a Dan, padecía de ansiedad, vivía escondido, disfrazaba los miedos, creyendo que podría no sólo sobrevivir sino vivir incluso muy convenientemente pese a ellos. Creí que la vida convencional era una opción. O más bien me resignaba a ello pensando que debía ser cierto. Por supuesto antes de Dan, e incluso “durante Dan”, me agarré a la tabla de mi presunta bisexualidad, para no tener que aceptar el hecho de que amaba y quería amar a hombres. Con su inspiración sin embargo, Dan cambió mi vida.

A menudo no valoramos a quien nos inspira. En ocasiones aplaudimos su inspiración, vivamente o de puertas para adentro, y colgamos su imagen en nuestra memoria como una adolescente cuelga primeros planos de sus ídolos en la puerta del armario.

Con Dan concluí que tenemos la obligación de enfocarnos con lo que somos. Que vivir un personaje y “esconder al actor” hace que nuestra vida sea una mala película con final insatisfactorio. Por eso, desde entonces, no hago “posters de mis ídolos”, sino que me alimento de su ejemplo, viviendo con plenitud mis principios, mis talentos y mi homosexualidad.

Suerte en vuestro “enfoque.”



Sobre

Rebelde, apasionado, singular, rompehuevos... qué sé yo. Dicen que soy indefinible, a Dios gracias! Definir personas es aburrido y sintomático del que está enfermo de pánico. Llevo años bailando sobre brasas ardiendo y o una de dos, o las brasas se apagaron o ya me acostumbré al fuego lento, porque luchar sigo luchando y soy enormemente feliz por ello. Por el camino he pasado necesidades y he aprendido a hacerlas aliadas y he ganado en sabiduría, en coraje y en cantidad de amigos, algunos amantes y un par de amores o tres absolutamente inolvidables. Uno de ellos, el más grande, Dan, da a esta cuenta su nombre. Mi presencia aquí es un homenaje al amor que nunca se ha roto entre nosotros, como retrato siempre apasionado, a veces alegre, a veces melancólico, del mayor amor de mi vida. Y si además de eso estoy por algo más, es por CREER, así con mayúsculas, que nuestra lucha por brillar en lo más alto como miembros de esta minoría maravillosa de la que formamos parte vale la pena, y aquí ando, mejor o peor, poniendo un granito de arena por ello. Para cualquier otra cosa, mi dirección de email es dan.ambienteg@hotmail.com y mi sitio en Facebook lo tenéis aquí.


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