Hay recuerdos de la niñez, que te persiguen durante toda la vida. Incluso sin saber muy bien que significan en el momento en que están sucediendo. En este caso, no recuerdo muy bien otros datos de esa época de mi niñez. Sólo recuerdo que eran las Fiestas del Pilar. Unas fiestas que además, están a punto de celebrarse nuevamente en unas semanas.
Era el sábado de comienzo de fiestas. En Zaragoza, como en tantas ciudades españolas, las fiestas comienzan en la Plaza del Pilar con un pregón y con chupinazo, seguido de fuegos artificiales al que acuden más de 100.000 personas
Antes de que se produzca la lectura del Pregón desde la balconada del Ayuntamiento y decenas de miles de personas griten ¡viva Zaragoza! y ¡viva las fiestas del Pilar!, una cabalgata de carrozas recorre el centro de la ciudad, anunciando las fiestas que están a punto de comenzar.
Y ahí es donde creo que fue la primera vez de la que tengo consciencia que escuché un comentario homófobo y despectivo.
Como he dicho, la cabalgata del Pregón recorre el centro de la capital, recorriendo las principales calles y avenidas, hasta llegar a la Plaza del Pilar, donde está el Ayuntamiento.
Recuerdo que estaba en la calle Alfonso I, muy cercana del Pilar, con mis padres, mi hermano y mis tíos, viendo pasar la cabalgata. Como es habitual, las peñas, los Gigantes y cabezudos, bandas de música y carrozas componían el desfile que se abría camino lentamente hacia el Pilar.
Entonces, recuerdo que pasó una carroza en la que iban montados bailarines y bailarinas de ballet clásico, bailando y haciendo piruetas en una estructura, todo ambientado con música clásica.
Y entonces, escuché una voz que recordaré siempre. Una voz de mujer, cazallera, con la garganta rota de fumar, que tras una sonora y desagradable carcajada, decía ¡mirad, la carroza de los maricones!, una frase a la que siguieron carcajadas y otros comentarios, también despectivos que ya no recuerdo, de otros acompañantes suyos.
Por esa época, la verdad es que no tenía claro del todo lo que era un maricón. Sabía que era algo despectivo, pero no conocía el término con claridad. Pero esa frase sonó en mi cabeza como si hubieran tirado una bomba nuclear a mi lado. Un comentario que sin saber todavía porqué, me pareció desagradable, y me hizo sentir tremendamente incomodo.
Después, fuimos a ver los fuegos artificiales, y a picar algo. Y las fiestas transcurrieron como siempre, entre ferias, gigantes y cabezudos, animación callejera y muchos paseos con mis padres y con mi abuelo.
Pero esa frase sobre la carroza de los maricones, y aún a pesar de que no sabía lo que significaba ser un maricón, se me quedó grabada para siempre.