Bearbi

La parte más ilusa que hay en mí pensaba que ya no había locales de ambiente que prohibieran la entrada a mujeres, pero me temo que no podía estar más equivocada. Desde hace algunos meses, soy asiduo al Bearbi, una discoteca de Madrid (Plaza Vázquez de Mella) orientada principalmente al colectivo osuno, aunque para ser honestos hay de todo.

Que nadie se imagine cosas raras: es una discoteca de tamaño medio, con su música petarda, su escenario al que la peña se sube a bailar o hacer el mongolo directamente y su pantalla en la que proyectan videoclips y chorradas varias. Vamos, lo más light del mundo. Ni cuartos oscuros, ni sexo en vivo, ni movidas en las que una mujer pudiese sobrar o sentirse incómoda.

¿Cuál ha sido mi sorpresa en varias ocasiones? Que cuando ha ido una chica en mi grupo, no nos han dejado entrar. En mi grupo o en cualquier otro grupo, porque esta misma situación la he visto y hablado con otros congéneres gays que también acuden al Bearbi. Y no, no ponen excusas. El portero se limita a decir: “Lo siento, las mujeres no pueden entrar”. ¡¿WTF?!

Evidentemente, cuando nos ha pasado esto, la elección ha sido clara: irnos a otros garitos que también nos gustan y en el que las chicas sí son bienvenidas, como son DLRO Live o Whynot?, porque tengo muy claro que mis amigas son prioridad por encima de cualquier sitio petardo en el que me lo pase bien.

Pero no puedo evitar que me indigne la situación. Podría entender una decisión así, si el local fuese de sexo explícito, pero no es el caso. Desde el colectivo LGTB llevamos años y años luchando en contra de la discriminación. ¿Qué sentido tiene ser nosotros mismos los que discrimenos a las mujeres? Porque, sintiéndolo mucho, no permitir el acceso a personas por su género es discriminación. Con todas las letras.

¿Qué pasaría si fuera a los gays a los que no nos dejaran entrar a un sitio? ¿O a los bajitos? ¿O a los pelirrojos? ¿O los judíos? ¿O a los feos? ¿O a los calvos? ¿O a los cachas? ¿Lo consideraríamos derecho de admisión o discriminación?

Me parece indignante y, por mi parte, el Bearbi está perdiendo puntos a pasos agigantados. De hecho, tengo muy claro que más temprano que tarde dejaré de ir. Por cierto, como anécdota surrealista, una vez pasas por el filtro del portero, hay un mostrador en el que te cobran la entrada y que está atendido por… ¡una MUJER! Ay Astérix, están locos estos del Bearbi.

Imagen | Facebook de Bearbi
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