Heath Ledger

Melancolía y desamparo. Al menos en cierta medida, ese es el poso que ha quedado inmediatamente después del shock inesperado tras conocer la noticia del fallecimiento de Heath Ledger.

Nacido en Perth, Australia, hace 28 años, Ledger fue “importado” por Hollywood para formar parte de la constantemente hambrienta database californiana de jóvenes cachorros que hace suspirar desde las pantallas al público más deseoso de hermosos ídolos de celuloide. Y con ese pie pisó Ledger por primera vez Hollywood, para protagonizar pequeñas comedias románticas como “10 razones para odiarte”, después de que un agente creyese las posibilidades de la hermosa masculinidad que antes habían disfrutado los australianos en películas como “Clowning around”, “Home and Away” o la serie de televisión “Roar.”

Pero el camino de baldosas amarillas de los ídolos lúbricos tocó a su fin pronto, una vez que el actor tuvo claro que la estabilidad ñoña no era aquello a lo que aspiraba como actor. Por fortuna, hoy, no lo recordaremos con nostalgia iluminando los ojos de la chica de turno antes del ansiado beso, sino como el Sonny Grotowski de Monster’s Ball, El Giacomo Casanova de la película de Lasse Hallstrom, el Robbie Clark de I’m not there, el Ennis del Mar de Brokeback Mountain.

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