Tony Curtis

Hollywood nunca acabó de ser considerado con él. Quizás por su rostro de facciones perennemente suaves, casi femeninas, a años luz de las esperadas de un ideal galán neutro, incluso cuando traspasó con mucho el umbral de su juventud, su escandaloso desagravio a Janet Leigh, que le llevó a ser odiado por las comadres de la Industria o su escaso interés por adaptarse a la nueva moral de una sociedad que no acabó de hacerle demasiada gracia.

Tony Curtis ha muerto. Tenía 85 años y multitud de achaques. Ley de vida, y aunque para él la muerte no era más que una puerta de transición de una vida al primer capítulo de la otra, filosofía muy compartible, da como siempre, desgana despedir un rostro que ya no estará nunca más vivo, salvo claro está, en la gran pantalla, el de un hombre que no le hizo ascos a comer igual ostras que caracoles.

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