Barack Obama

Ha pasado un año desde que el planeta entero recibiera con los brazos abiertos a Barack Obama, con la esperanza de que iba a cambiar el mundo. Un año después, el presidente norteamericano ha dilapidado todo ese apoyo popular, y pasa por sus horas más bajas. Hace escasos días, Obama y su partido veían alarmados como perdían al senador que tenían en Massachusetts, un feudo tradicionalmente demócrata, gracias al clan de los Kennedy. Toda una señal de lo que puede suceder en las próximas elecciones del mes de noviembre.

Con este toque de atención, los norteamericanos le decían a Obama que no lo estaba haciendo todo lo bien que lo debería hacer. Unos, temerosos por la reforma de la sanidad norteamericana. Otros, defraudados por ver como el presidente que venía como salvador, había dejado de lado sus promesas electorales con las clases medias, y con las minorías. Y este podría ser el caso de los gays norteamericanos, cansados de ver como las promesas de Obama se desvanecían conforme avanzan los meses, sin gestos significativos en las cruciales batallas que se han librado en diversos estados por el matrimonio gay.

Ahora, parece que Obama se he desperezado y ha retomado las ideas y promesas con las que fue elegido de forma abrumadora por el pueblo americano, para evitar seguir perdiendo apoyo y popularidad. En este sentido, Obama prometió ayer ante el Congreso de Estados Unidos que derogaría el Don’t ask, don’t tell , la famosa ley del no preguntes, no lo digas, imperante en el poderoso ejército norteamericano.

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