
Tras la polémica del concierto que ofrecerá en San Petersburgo Madonna, los activistas LGBT rusos siguen su particular batalla contra las autoridades de la segunda ciudad de Rusia para evitar la legalización de la homofobia en su país. Su última decisión ha sido denunciar ante los tribunales la ley homófoba de San Petersburgo.
La impulsora de la iniciativa ha sido la organización “Salida”, y en su querella, sus miembros alegan que varios conceptos que aparecen recogidos en la ley que prohíbe la “propaganda homosexual”, como la “bisexualidad” o las “relaciones conyugales o tradicionales” no tienen definición jurídica en Rusia.
Y al no tener definición jurídica, es imposible determinar el objeto de la infracción, según “Salida”. Una situación que podría llevar a la aplicación arbitraria de la ley, un hecho que implicaría la anticonstitucionalidad de la nueva ley.
De hecho, para esta organización, “cualquier alusión a la homosexualidad puede ser estimada como una falta administrativa”. Además, en su comunicado, “Salida” explica que al diferenciar entre relaciones conyugales tradicionales y no tradicionales, las autoridades rusas “violan el principio de igualdad de todos los ciudadanos ante la ley”.
A ver si tienen suerte, pero la verdad es que lo tienen complicado. Al margen de las leyes homófobas aprobadas por los políticos en distintas partes de Rusia, y de las agresiones que suelen sufrir los gays rusos siempre que se atreven a manifestarse por parte de grupos de radicales, la homofobia se extiende entre amplios sectores de la sociedad rusa.
No en vano, las encuestas señalan que tres de cada cuatro ciudadanos rusos creen que gays y lesbianas tienen un problema mental y son seres amorales. En el lado contrario, menos de la mitad de los rusos creen que todos los ciudadanos deberían tener los mismos derechos, sin importar su orientación sexual.
Vía I ABC
En Ambiente G I Rusia no tiene remedio. San Petersburgo aprueba una ley contra la propaganda gay