Así pretendían los nazis eliminar la homosexualidad...

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La Orden Negra

Todos conocemos las barbaries que los nazis cometieron a lo largo y ancho de Europa. El exterminio de los judíos fue sin duda una de las acciones más horrible cometidas por el régimen de Adolf Hitler. Pero además del asesinato masivo de millones de judíos, los nazis actuaron con igual crueldad contra cualquier minoría que atentara contra la pureza de la raza aria.

De hecho, los propios alemanes que no estaban a la altura de las cualidades que el führer consideraba necesarias para mantener la primacía de la raza, eran eliminados sin compasión. Decenas de médicos germanos se pusieron al servicio de Hitler para esterilizar o asesinar a personas sordas, mudas, ciegas, borrachos, a niños con algún tipo de discapacidad física o psíquica, gitanos, y por supuesto, a personas homosexuales. Así lo refleja el periodista Óscar Herrandón en su libro, “La Orden Negra”, en el que recoge varios experimentos de los nazis para acabar con la homosexualidad.

Sinceramente, no he leído el libro, y no creo que pueda leerlo. Simplemente, de leer un pequeño resumen en el ABC se me ha puesto mal cuerpo. Pero como nunca está de más recordar hasta donde llega la barbarie humana en general, y la nazi en particular, no he querido pasar por alto las formas con las que los nazis pretendían acabar con los homosexuales en sus planes para lograr una Europa aria.

Para los nazis, la homosexualidad era una enfermedad. Y el objetivo de los médicos y científicos que experimentaron en los campos de concentración era conocer la fórmula para extirpar esta enfermedad. Para llegar a esta fórmula mágica, los médicos nazis experimentaron sin compasión con los prisioneros homosexuales.

Parece ser, según describe Óscar Herrandón, que en un principio no se usaron técnicas muy agresivas en los campos de concentración para acabar con la homosexualidad, ya que los nazis ofrecían recompensas a las reclusas que lograran convertir en heterosexuales a los prisioneros homosexuales seleccionados. Sin duda, una minucia en comparación con los salvajes experimentos que practicaron los nazis a sus víctimas.

Pero viendo que esta técnica no ofrecía los resultados esperados, los nazis pronto optaron por buscar soluciones con experimentos y técnicas mucho más brutales. El responsable de realizar las pruebas para acabar con la homosexualidad en el campo de Buchenwald, el profesor Carl Vaernet, que también era líder de una unidad de asalto de las SS, comenzó con las castraciones para tratar de hacer desaparecer el impulso homosexual de sus víctimas.

Pero no contento con realizar castraciones a los prisioneros, este científico, por llamarle de alguna manera, puso en marcha una serie de experimentos para tratar de curar la homosexualidad basándose en una glándula que había creado él mismo. Para ello, liberó hormonas masculinas en el cuerpo de 15 reos seleccionados, inyectándolas en la ingle. Evidentemente, este tipo no logró sus objetivos, aunque sí que acabó con la vida de dos de los presos con los que experimentó.

Historias nada agradables para una tarde de domingo, pero que son necesarias difundir para lograr que nunca jamás puedan volver a suceder.

Vía l ABC
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