Homosexuales en Roma y Grecia

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No es la primera vez que en Ambiente G hablamos de la homosexualidad en las diferentes culturas de la Antigüedad, como es el caso de Egipto, ni de su presencia en la historia del arte.

La presencia de la homosexualidad en el mundo ha sido una costante a lo largo de los siglos, digan lo que digan los cuatro retrógrados de siempre, siendo más visible en unos momentos que en otros, dependiendo de la cultura que imperara en las diferentes épocas históricas.

Y en lo que respecta a la permisividad y a la aprobación social, siempre han destacado la Grecia clásica y el Imperio Romano, tanto cuando hablamos de aspectos sociales, como de arte o de mitología.

En la antigua Grecia, la homosexualidad era algo normal para los ciudadanos de las diferentes polis griegas, ya que sus propios dioses la practicaban sin pudor alguno.

De hecho, las relaciones entre dioses, semidioses y hombres era algo cotidiano en la mitología griega. Por ejemplo, Zeus, el dios supremo del Olimpo griego, se enamoró del joven Ganímedes. El caprichoso y todopoderoso Zeus lo raptó, y lo convirtió en su amante.

Pero no fue el único dios griego que sucumbió a los placeres del amor entre hombres, especialmente de los hombres más jovencitos. También el dios Apolo quedó fascinado por la belleza de Jacinto, un joven adolescente humano.

También en la mítica ciudad de Troya surgió el amor homosexual, entre héroes y guerreros de la talla de Aquiles y Patroclo.

Y estos no son más que unos pocos pero destacados ejemplos de la gran cantidad de historias salidas de la mitología en las que aparece el amor entre dos hombres, o mejor dicho, entre dios y hombre.

Pero la homosexualidad no sólo aparecía en la mitología, ya que numerosos personajes históricos de carne y hueso de gran importancia en la historia también mantuvieron relaciones homosexuales.

El gran Alejandro Magno tuvo tiempo entre conquista y conquista, de tener relaciones con Hesfestión, mientras que el filósofo Platón tuvo como amantes a varios de sus más cualificados alumnos.

Tras el declive de las polis griegas y el surgimiento de un nuevo orden mundial dominado por Roma, la realidad en el ámbito sexual no cambió demasiado. Emperadores como Adriano o el propio Julio César, al que llamaban “hombre de todas las mujeres y mujer de todos los hombres” siguieron teniendo amantes masculinos, al margen de la estructura familiar consagrada en Roma.

Vía l Público

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