Bye, Bye, Golden Bea

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Bea Arthur

Hace años las comedias eran las reinas de la televisión. Cada día tocaba una distinta como a media tarde. Yo me enganché a una tan inofensiva como un pedo furtivo bajo las sábanas brindando por el plenilunio. ‘Las chicas de Oro‘ era un anecdotario simpático de las vidas de tres amigas otoñales pudientes más la madre de una de ellas. Cada una desempeñaba un rol bien definido. Mi favorita siempre fue Dorothy Petrillo. Su físico ‘rotundo’, su voz hecha trizas y su ironía constante fueron el perfecto pellejo para la actriz que le dió carnes y encanto: Beatrice Arthur.

Bea acaba de morir menos de un año después de que su mamá en la ficción decidiese también tomarse un respiro. La edad avanzada (Bea tenía 86 años), le coloca a uno siempre entre los primeros de la fila para dejar el armario dispuesto en herencia. Siempre es triste decir adiós en todo caso, a una cara conocida. Una cara y un cuerpo, en este caso que pudo ser el de una feliz lesbiana, tal y como se lo planteó a sí misma tras divorciarse de su segundo esposo hace casi treinta años.

Que durante todo este tiempo, dejase sanar su corazón en los brazos de alguna señora es algo que quizás no sepamos nunca. Pero no es la vida privada lo que más debe preocuparnos de los que se van de viaje o de los que se quedan, sino sus acciones y la medida del cumplimiento de sus responsabilidades, y Bea actuó en nuestro favor.

En una entrevista concedida a la revista ‘Out Magazine‘ hace unos años, ‘Dorothy’ se quejaba: ‘Con todas las mejoras y toda la gente que está cada vez mejor informada, sigue existiendo un enorme montón de homofobia viciosa‘.

Bea tenía el merecido honor de ser considerada, al menos de las fronteras gringas para adentro un auténtico icono gay, no ya por su desenfadado carisma en la serie ‘dorada’ que le dió fama en todo el Mundo, sino sobre todo por ‘Maude‘, una serie emitida entre 1972 y 1978 donde Arthur regaló todo su talento a Maude Findlay una neoyorkina de los suburbios de media edad, casada por cuarta vez, defensora abierta de los derechos de la mujer, el aborto legal, los derechos civiles de las minorías raciales y defensora sin tapujos de la igualdad legal para los gays.

Parece mentira que esto sucediese en los años 70, pero es que la llegada de Reagan y el abominable legado republicano, casi hicieron olvidar lo extraordinariamente liberales que fueron los Estados Unidos en los 60 y 70 del siglo XX.

Luego, Beatrice Arthur, casada con sus personajes, continuó su activismo, colaborando entre otras organizaciones, con GLAAD, la Alianza Gay & Lesbiana en Contra de la Difamación.

Por todo eso y por las risas, muchísimas gracias, Bea. Tenerte por aquí realmente tuvo sentido.

Gracias Paul Noalmejen por el aviso.

Vía | gay.com

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