La historia de Narciso

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De vez en cuando, sabéis que me gusta hablar de arte antiguo, o de literatura. Supongo que será mi formación humanística lo que me lleva a martillearos con este tipo de cosas muy de vez en cuando.

También de vez en cuando, me gusta leer o releer algunos de los grandes clásicos. Y en este verano, he releído Las Metamorfosis, una obra de Ovidio, uno de los grandes autores de la antigua Roma.

Las Metamorfosis es unas obra en la que Ovidio narra la historia de los dioses que poblaban el mundo en aquellos lejanos tiempos. Así que si te gusta la mitología y no temes morir de un empacho de tanto dios, diosa, semidioses, héroes ninfas y demás seres mitológicos, este libro te gustara.

El caso es que entre todas las historias de este libro está la historia del bello Narciso.

La historia de Narciso comienza cuando la bella Liriope fue aprisionada y violada repetidamente por el enamoradizo río Cefiso, algo que era por lo visto muy común entre los dioses griegos y romanos. Me gusta una hembra, o un efebo, y me lo tiro. Si quiere, fantástico, si no, o la violo, o me transformo en toro, yo que todo lo puedo, y la poseo.

El caso es que de esta violación, Liriope quedó embarazada y parió un hijo super mega guapo. Era tan sumamente bello, que desde el mismo momento en que nació, las ninfas quedaron enamoradas de este niño al que su madre llamó Narciso.

Su madre acudió a Tiresias para que le adivinara el futuro a su hijo, y la respuesta del adivino fue que el niño viviría muchos años mientras él no se viera a sí mismo”.

Mientras tanto, Narciso continuó creciendo con la gracia de un efebo, perseguido por hombres y mujeres que buscaban llevárselo al catre. Bueno, al catre, al bosque, al huerto, o a lo que pillara más cerca.

Pero el joven y guapo Narciso rechazaba a hombres y mujeres con una decisión sorprendente.

Así transcurría su vida hasta que Narciso se tropezó con Eco, una ninfa que había sido castigada por la diosa Juno a que sólo pronunciase las últimas palabras de todo aquello que quisiese decir.

La ninfa quedó prendada de la belleza de Narciso, aunque el joven la rechazó, tal y como ya había hecho con todos los hombres y mujeres que lo habían pretendido. Él era demasiado bello para caer en brazos de nadie.

Pero Eco no se tomó demasiado bien el rechazo de Narciso. De hecho, dolida y menospreciada, corrió a esconderse en los bosques mientras deseaba con toda su alma que Narciso se enamorara y sufriera como estaba sufriendo ella.

Y Eco tuvo suerte, ya que Némesis, la diosa de la venganza, escuchó su desconsolado ruego.

Narciso, caminando, llegó a un verde valle en el que en medio del bosque había una fuente de un agua clara y cristalina como nunca había visto.

Cansado, se detuvo en aquel bello lugar, y se tumbó sobre la verde hierba a orillas de la fuente para beber, momento en el que Cupido le clavó por la espalda una flecha. ¿Que iba a clavarle si no?

Entonces, Narciso vió su imagen reflejada en el agua, y creyendo que su reflejo era otro ser, se enamoró perdidamente de él, haciéndose así realidad los deseos de la ninfa.

Gracias a Cupido, el objeto de su amor era él mismo. Narciso se amaba, y además,deseaba poseerse. La lujuria y el deseo se apoderaron de su cuerpo, entrando en un estado de locura y de desesperación ante la imposibilidad de amarse a sí mismo.

Finalmente, ocurrió algo que sólo podía pasar en esos tiempos en los que los dioses gobernaban la tierra a su antojo. Narciso comenzó a transformarse poco a poco en una flor, mientras el ardor y la pasión lo consumían poco a poco.

En unos pocos minutos, el joven Narciso se había convertido en una bella flor a orillas de la fuente.

La ninfa Eco, una vez que su deseo se había visto cumplido, cayó rota de amor sobre la hierba al ver el triste final de Narciso. Y aunque el cuerpo de Narciso no se pudo encontrar, todavía hoy, en el mundo de la tecnología punta y de la globalización, Eco responde a las últimas sílabas pronunciadas por los seres humanos.

Bueno, un ejemplo sin más de como el amor entre los hombres está presente en la historia universal, y en particular, en el arte y en la literatura. Y además, de una forma aséptica y sin juicios.

Otro día, más.

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