Muchos hombres heteros que pasan por buenos maridos son gays

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“A Yuichi se le ocultaba la frecuencia con que los hombres que aman a otros hombres se casan y son padres. Tampoco sabía que la mayoría de ellos contribuyen involuntariamente a la felicidad conyugal gracias a sus íntimas tendencias. Saturados hasta la náusea, con su esposa, del inoportuno banquetazo que es el sexo contrario, jamás se inclinan hacia otras mujeres. Muchos hombres que pasan por buenos maridos pertenecen a este gremio. Cuando tienen hijos, se comportan más como madres que como padres”.

Este texto es un fragmento del libro que estoy leyendo en estos momentos, El Color Prohibido. Un libro que acabo de comenzar y que ya está provocando en mí reflexiones y pensamientos típicos de una calurosa tarde de verano.

El libro en cuestión, como ya expliqué el otro día, es de Yukio Mishima, y trata sobre un escritor que usa a un joven gay para vengarse de todas las mujeres, teniendo en cuenta que todo esto sucede en una sociedad tan cerrada como es el Japón de mediados del siglo XX. A lo largo del libro, el escritor expone una serie de teorías filosóficas sobre la homosexualidad y las relaciones entre los sexos, y el párrafo que os he copiado al principio, es el que hace referencia a los matrimonios celebrados entre una mujer hetero y un hombre gay más encerrado en el armario que las hombreras de los años 80.

Concretamente, este tema es uno de los que más han captado mi atención. Los matrimonios entre gays armarizados y mujeres heteros, y las reflexiones que hace el autor en boca de sus personajes sobre este tema tan extendido en décadas y siglos pasados.

Y es que hoy en día, aunque lamentablemente queda algún caso de gays que todavía tienen/quieren casarse con una mujer para disimular su homosexualidad en su ambiente familiar y laboral, por fortuna, hoy vivimos en uno de los países más libres del mundo en lo que respecta a derechos LGBT, y tenemos la opción de elegir libremente el tipo de vida que podemos llevar, siempre dentro de nuestras posibilidades y circunstancias personales.

El caso que los hechos descritos en el libro, era el pan nuestro de cada día en el Japón de los años 50 del siglo pasado, y en todo el mundo, en una sociedad heterosexualizada al 100% y en el que la homosexualidad era una actividad al margen de la vida “real”.

Imagino lo horrible que tiene que ser llevar una doble vida para todo el mundo. Fingir que amas a alguien a quien como mínimo, no deseas, y a quien supongo que al final, tras años de convivencia, llegarás a detestar.

Tiene que ser angustioso fingir durante toda la vida,sabedor de que jamás podrás ser libre, ni amar libremente a quien tú quieras. No poder confiar en nadie, engañándote a tí mismo, pero también a esa mujer que se ha casado pensando que también era amada y correspondida por su marido y a la que probablemente, aunque el escritor diga lo contrario, jamás la harás del todo feliz.

Una situación que era la única salida para los gays de décadas pasadas, y que hoy por suerte nos parecen situaciones irreales para la inmensa mayoría de nosotros.

La de gays que habrán tenido que sufrir en silencio esos matrimonios para poder llevar una vida “normal”, sin ser acusados, condenados, apaleados o ejecutados por su orientación sexual.

El libro de Mishima, al menos en las páginas que he leído hasta ahora, narra algunas reflexiones de este joven gay que se ha casado con una mujer heterosexual, dejando curiosas ideas, como el hecho de que muchos hombres que son considerados buenos maridos, y no se lían con otras mujeres, no lo hacen por ser fieles a su esposa, sino simplemente, por ser gays, y ya tienen bastanta con acostarse con su mujer, como para buscarse otra fuera.

Hay que decir que el autor, Yukio Mishima, era un escritor gay que estuvo casado con una mujer, por lo que igual estas reflexiones eran sentimientos y situaciones que él mismo había sufrido, poniendo el punto biográfico a la historia.

Historias y reflexiones de otros tiempos, que por fortuna hoy, están fuera de lugar.

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