
‘Nunca imaginé lo orgulloso que pude estar hasta que adopté a Anthony’. Sentado en un vagón del BART, algo así como el sistema de tren de cercanías que intercomunica gran parte del Area de la Bahia de San Francisco, de cara me enfrenté a uno de los displays que desde hace días acompañan al viajero que usa este medio de transporte. En cada uno de ellos una familia real, formada por sólo un padre o una madre, o una pareja de padres o madres, van acompañados por sus hijos adoptivos. A mi juicio, la campaña, esponsorizada por adoptionsf.org realmente crea conciencia y empuja a la reflexión.
En estos tiempos complejos, en que a la suma de los reconocimientos de nuestros derechos, nos vienen de cara, a empujones, poco justificables argumentos para invalidar lo que nos corresponde por derecho natural, es momento de pensar por qué hemos luchado y seguimos luchando. Y a partir de aquello que hemos conseguido, los que lo hemos conseguido, qué cosas son aquellas que realmente son merecedoras de sentirnos orgullosos.
Yo siempre he creído que ser gay no es motivo de orgullo, no porque sea causa de sonrojo, sino porque es algo sobre lo que no tenemos mérito alguno. Nacimos tal cual. Y desde mi perspectiva, perfectamente cuestionable, orgulloso se debe sentir aquel de aquello que ha conseguido a base de sudor, lágrimas, denodado esfuerzo. Por tanto, las victorias legales que estamos alcanzando, sí son motivo de orgullo, desde este punto de vista. Es genial presumir de ello, pero es terrible conformarnos con lo que hemos logrado, incluso en aquellos lugares donde más se ha logrado y convertir nuestra homosexualidad en pura fiesta del exhibicionismo de nuestra propia realidad sexual. Hacer de ser ‘Gay’, el todo.
Volviendo al display y la reflexión del primer párrafo, me vinieron a la cabeza dos cosas que mi padre me dijo en su día cuando supo ‘lo mío’: ‘Estoy orgulloso de tu serenidad y buen criterio al haberme contado un poco más sobre quién eres’ (porque imagino que gran parte de mi actitud fue parte de su responsabilidad como buen padre), y: ‘Hónrate y respétate a tí mismo, y si cuadra y en el futuro tienes familia e hijos, que se sientan orgullosos de tí y tú de ellos’. Quizás estas últimas palabras no son exactas. Quizás he cambiado de lugar una coma. Pero eso dijo, vaya.
En estos días, en que la salud de mi adorado ‘viejo’ se marchita más rápidamente de lo que cualquier hijo amante desearía, me parto el alma de pena, pero reflexiono una vez más, y mientras peino primeras canas y escucho cómo en el gym las articulaciones crujen como no hacían hace diez años, me pregunto en qué momento habré dejado de ser tan egoista, dentro de lo generoso que puedo ser con otros, o más atrevido, o más lo que sea, y me pondré firme en el empeño de crecer no tanto por mí mismo y por los privilegios que vaya a lograr y esté logrando con mi esfuerzo majadero día tras día, en todos los frentes en que peleo prácticamente solo, sino por alguien más pequeño y vulnerable que yo, que me dé satisfacciones y problemas, que me fuerce a protegerle, reprocharle, abrazarle, educarle en el modo ‘ser feliz’ y abierto de mente y solidario. Alguien que pueda dar más pasos adelante que atrás y que llegue a sentirse feliz por ello y los dos acabar estando encantados de haber coincidido durante un tiempo importante de nuestra presencia en este Mundo, enriqueciendo la vida del otro. No se me ocurre ninguna otra cosa que pueda procurar más Orgullo.


Comentarios
interesante
Serias un gran padre, porque ademas tienes un gran ejemplo a seguir. Un beso y un abrazo.
Primero decir q no me enogullezco de ser gay, ni lo uso como bandera, sino q soy lo que soy y de ser como soy en general estoy orgulloso, igual q lo estoy de haberme aceptado dentro y fuera de casa. En cuanto a tener hijos… yo siempre lo he tenido claro, yo tendre uno, adoptado, o no pero lo tendre y me volcare en el como se han volcado en mi.
Como siempre genial.
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