
Los hay que se van del mundo en una búsqueda imposible de su moral perfecta y trasnochada, viendo fantasmas donde no los hay. En la República Dominicana, un sacerdote católico está intentando destruir una pintura de una iglesia al considerar que un ángel tiene una mirada homosexual .
El sacerdote, que ejerce su pastoral en una ciudad turística llamada Jarabacoa, está provocando una fuerte polémica por la obra “Alegoría a la Virgen del Carmen”. Una obra pintada hace 12 años y que adorna el interior de la iglesia de Nuestra Señora del Carmen de esta ciudad situada en el centro de la República Dominicana. Según el sacerdote, que se llama Johnny Durán, el mural muestra a los ángeles con expresiones homosexuales y diabólicas que causan “incomodidad” a los ciudadanos que acuden al templo.
En este misma línea, el sacerdote cree que la obra no inspira sentimientos religiosos y que puede confundir a los fieles, ya que no está clara la sexualidad de los ángeles. Algo que por otro lado, es una constante en muchas obras en las que aparecen ángeles representados, y en las que no se nota demasiado el sexo que tienen, pasando perfectamente por seres asexuales muchos de ellos.
Y para cumplir con su cometido y dar riendas sueltas a su obsesión contra lo que él considera miradas homosexuales, Durán ha decidido recurrir a técnicas más propias de la antigua Inquisición, intentando eliminar la obra, al más puro estilo muerto el perro, se acabo la rabia.
Así que ante la imposibilidad de destruir el mural sin caer en la ilegalidad más absoluta, el sacerdote ha promovido una resolución en el Ayuntamiento para revocar una decisión del propio consistorio por la que se declaraba la obra como patrimonio municipal, y así tener vía libre para imitar a sus antepasados cuando quemaban libros o cualquier obra de arte que les molestara.
Frente a la postura de Durán, han surgido por fortuna voces que defienden el mural, como es el caso del ex alcalde de la ciudad, Ramón Ureña Torres, o de la poeta Altagracia Hernández. Una poeta que está encabezando un movimiento para recoger firmas contra la destrucción del mural.
Sin duda, este hombre debería dejar a un lado su obsesión con la homosexualidad, porque sólo así puede calificarse un empecinamiente como este, y hacer caso al ilustrado francés Denis Diderot, quien afirmaba que la cólera destruye el sosiego de la vida y la salud del cuerpo; ofusca el juicio y ciega el corazón.
Vía I ABC
Fotografía I Begoña Simón