La gaygeneración de los 90

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Acceptable in the 90s

Los que nacimos entre el 75 y el 85 tuvimos toda la década de los 90 para salir del armario o para vivir en él. Tanto dentro como fuera estuvimos oyendo una música que nos ha marcado de por vida. Y en la que muchos de nosotros seguimos atascadísimos. Hemos tenido una adolescencia, plagada de pajas, cuya banda sonora era lo que oíamos en los 40 o aquellos afortunados que cogían la RTL o incluso la MTV, cuando aún era un canal musical.

Quién puede olvidar lo que hacían sus hormonas cuando veía vídeos de MN8, de East17 o de los BSB. Allí empezabas a echar tus primera miradas lascivas a esos muchachos de torsos depilados, que en aquella época las barbas y los pechos peludos no eran tendencia aún. Aunque muy pocas veces una boyband llega a engancharnos por sus temas y sus coreografías. Lo hacen más por sus vídeos en mute.

Los gays que conozco que aún estamos en los 90, musicalmente hablando, éramos más de pizpiretas cantantas que llenaban nuestras pantallas de brillantes colores, tintes imposibles, taconazos y coreos para hacerte luego la reina de la tarima de Arena VIP (cuando sólo tenía una planta).

Con los grandes hitazos de la Hit Factory todavía sonando en vinilo, muchos homosexuales se vinieron arriba con las rubias de las cuatro decadas: Madonna y Kylie. Ambas dos, como los homosexuales noventeros, siguen ancladas en un tipo de música: el pop. El pop más bailable, el que llena las pistas, el que te hace andar por la vida, como el que anda por una pasarela. Con ellas hemos vivido amores de verano, hemos bebido amores en la pista de baile, hemos llorado rupturas y hemos bailado siendo más fuertes superando el dolor.

Pero en los 90, no todo eran divas venteañeras que ya han vivido sus primeros desamores. También bailamos al ritmo de adolescentes virginales que años más tarde serían las más libertinas de las listas. Britney y Christina nos vendieron la clásica moto de ‘que buena soy, tengo el himen intacto’. Como esos maricas que en los 90 se mantenían vírgenes hasta encontrar al hombre perfecto.

Con el paso del tiempo, esos maricas han acabado locos, gordos o calvos. O todo lo anterior. Como Britnew y Xtranny. Ambas dos divas siguen sobreviviendo gracias a nosotros, los trentañeros. Porque los gays más jovencitos siguen a divas más de su edad como Katy o Ke$ha.

La generación de homosexuales que nos preparó el camino fueron fieles seguidores de ABBA. Nosotros lo fuimos de Ace of Base y de Roxette. El duo sueco nos conquistaron desde los 80 y cogieron carrerilla en los 90. ¿Quién no ha deseado que su mariliendre se corte el pelo como Marie? Aún a riesgo de llevarla luego a un bar de lesbianas y que le entrasen todas.

Ace of Base nos enseñaron lo divertido que puede ser el pop antes de que Aqua nos mostraran lo sumamente divertido que puede ser el pop, después de que Army of Lovers nos mostrasen lo marica que puede llegar a ser el pop. Así nos va, que esperamos que Agnes tenga algo de carisma o que Le Kid conquisten el mundo o que finalmente, algún directivo de televisión patria emita el Melodifestivalen.

Mención especial, aquellos homosexuales que en los 90 descubrieron a la Gudmunsdottir y se quedaron casi tan locos como ella. Hoy en día estos homosexuales siguen buscando a una cantante que les sorpenda y les haga gastarse más de medio sueldo en ediciones, reediciones y requetediciones.

Pero si algo marco nuestra homosexualidad noventera fueron las plataformas de Geri (que su madre es de Huesca!), los chándals de Mel C. (debería ser diva del Odarko), la sonrisa zampabollos de Emma (agradeced vuestro tipo de oso a ella), la seriedad fotogénica de Victoria (gracias por descubrirle a tu marido que los futbolistas pueden anunciar ropa interior) y el piercing de Mel B. (todos deseamos tener una amiga negra). Las Spice Girls dejaron una huella imborrable a toda una generación de maricas que aprendimos que es importante estar bien rodeado de tus amigos, de lo importante que es el pop y que sin una coreografía bien ensayada no eres nadie.

Ni las All Saints ni las Sugababes ni las Girls Aloud ni las Saturdays ni las Lunae han alcanzado con la punta de los deditos lo que las Spice Girls se comieron con patatas. No marcarán a una generación, musicalmente hablando.

Dentro de 15 ó 20 años, habrá una generación de homosexuales que seguirán dando de comer a Lady Gaga a Hannah Montana a Lana del Rey o a Leona Lewis. Si es que consiguen sobrevivir a las grandes de los 90.

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