En Brokeback Mountain, sólo un puñado de ovejas y nosotros, fuimos testigos mudos del comienzo de una de las más emocionantes historias de amor del Séptimo Arte. La que unió a dos cowboys, uno tosco y taciturno y otro espontáneo y entusiasta competidor de rodeos. De los encuadres se encargó un director chino, que debe saber tanto de amor como de aplicar este filtro aquí o contrapicar allá, porque agarró un cuentito de Annie Proulx y lo traspasó a un relato fílmico de 134 minutos que nos robó primero el corazón, y luego un espacio inmarchitable en nuestra memoria, y no sólo la cinéfila.
No era la primera vez que el relato de Proulx quiso ser adaptado al cine. El intento más probable fue el de Gus Van Sant, que quiso poner rostro y voces a Ennis y Jack con la ayuda de Joaquin Phoenix y Matt Damon, dicen que Pedro Almodóvar también estuvo entre los ‘probables’, pero sería finalmente el versátil Ang Lee, quien con una austeridad propia de alguien que sabe que el amor filmado, cuando más sabe es cuando se narra de plano, sin adornos que simplemente ‘enrosecen’ lo que no necesita ser almibarado, el que nos contase en susurros, que el amor gay sólo se diferencia en una cosa frente al ‘pronatura’, sobre todo si eres un duro cowboy en el Wyoming de los años sesenta: que lo pasas aún peor.
Jack Twist y Ennis del Mar se encargan de que un rebaño de ovejas no pierda una sola cabeza durante un contrato de pastoreo, pero el amor surge, inesperadamente del modo más simple. Al acabar el contrato, Ennis y Jack firman ejemplares en la librería del amor formal. Ambos se casan y tienen hijos. El primero por tradición, el segundo, a la larga, cada vez más por conveniencia. Pero el amor es una fuerza de la naturaleza, como el propio slogan de la película dice, y durante veinte años, los encuentros, muy espaciados, entre ambos amantes entre laderas y faldas de Brokeback Mountain, construirán una historia de amor delirante entre la pasión y la dolorosa angustia de un sueño ansiado con las yemas de los dedos que nunca se alcanza porque el drama pasa a ser tragedia y doloroso recuerdo de un otoñal Ennis que le jura a Jack un deseo que llegará a cumplirse un día, o no.