Cuando el amor no es suficiente

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Cuando el amor no es suficiente

Jota llegó a mi vida por Internet. Y por Internet supe que se había ido de ella. Un año de relación, de besos y abrazos, de sexo a la luz de las velas. Después llegó la ruptura y no volvimos a hablar. Jamás.

Una mañana de abril, vi su esquela en un periódico. Pocos minutos después, una llamada de teléfono me confirmó que la peor enfermedad de todas se lo había llevado por delante en menos de tres meses.

Simplemente un día se puso enfermo. No sé si gripe. No sé si mareos. No sé. Preferí no saber más detalles de los necesarios. Fue al hospital y allí se quedó. Tres meses ingresado. O cuatro. No lo tengo claro. Como he dicho, no pregunté demasiado. Y cuando salió del hospital fue para postrarse en la cama de su cuarto sin la esperanza de salir nunca más de ella con vida.

Veintisiete años tenía y no pudo hacerse nada. Seguramente era portador del VIH desde hacía años, pero él no lo sabía. Jamás se hizo las pruebas. Era joven, fuerte, lleno de vitalidad. Supongo que no lo creyó necesario. Pero ni la juventud, ni la fuerza, ni la vitalidad, ni siquiera la suerte jugaban a su favor. Y la ruleta rusa le explotó en la cara.

Justo cuando supe que había muerto, yo había recogido los resultados de mis pruebas hacía una semana y había pasado el suficiente tiempo como para no correr el riesgo del efecto campana. Negativo. Yo estaba tranquilo, por eso pude limitarme a llorar su muerte como lo que era: alguien muy importante para mí. Y sí, también le maldije, por irresponsable, por no haberse adelantado, por no haber movido ni un dedo para evitar ese final tan horrible.

A veces imagino qué habría pasado si, por el hecho de estar enamorados, hubieramos dejado los condones de lado. Aunque parezca descabellado, son muchas las parejas que se olvidan del sexo seguro por el simple hecho de tener una pareja estable a la que aman. A pesar de que nosotros siempre utilizamos protección, esta es una lección que he tenido que aprender a fuego. Porque en el sida, lamentablemente, el amor no es suficiente.

No pasa un sólo día sin que piense en Jota. Y hoy, Día Mundial del Sida, lo tengo aún más en mi recuerdo. Porque él, como otros tantos, es una víctima. Porque su sonrisa se apagó, en gran parte por irresponsable. Y porque no es justo que dejara apagar su sonrisa por no tomar las medidas necesarias.

Va por él. Va por todos. Porque sigamos amándonos seguros y sin miedo.

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