Un joven gay brasileño obtiene asilo político en Estados Unidos
Hay noticias que no deberían tener que darse jamás, pero vivimos en un mundo malsano, en el que ciudadanos y gobiernos pasan a menudo de puntillas sobre el mal ajeno por unas ventas aquí y unas vendetas allá.
A Augusto Pereira de Souza le ha sonreído el Departamento de Inmigración de Estados Unidos, al haberle concedido la residencia permanente en el país después de un largo proceso gracias a la ayuda de tres estudiantes de la Columbia Law School’s Sexuality and Gender Law Clinic. ¿El motivo? En Brasil, país que pretende encaramarse al quinto puesto entre los países más poderosos del Mundo, que propone cada año el Carnaval más libertario y que celebrará los Juegos Olímpicos de 2016, se persigue a los gays... de tapadillo.






En EE.UU. se ha montado un pijostio de agárrate y no te menees con este caso que yo he titulado “El caso Breedlove”, o el “Breedlove Gate”, nada más que para aprovechar las implicaciones sonoras y semánticas del apellido de uno de los implicados.


