
Era tarde ya, viernes noche de esos que no te apetece salir y el mejor recurso es una noche de edredón y televisión vía oral... tragarte todo lo que pongan hasta que te caigas de sueño.
Después de unos cuantos reportajes de investigación y algunos repetitivos anuncios contándonos casi lo de siempre, intencionadamente caigo en el mundo del corazón visto por unos cuantos contertulios y alguna entrevista que busca la lágrima fácil.
Es tarde, la luz de mi habitación es tenue y tras toda la semana de levantarme a las 6 de la mañana mis ojos están a punto de cerrarse. Entra otro invitado y tras las típicas preguntas cordiales de rigor a un invitado al que no quieren despellejar… llega la declaración, no se a cuento de que pregunta ni en que contexto de la entrevista:
“Mis mejores amigos son gays entran en mi casa y todo y algunos hasta se han quedado a dormir alguna vez, vienen hasta con sus parejas”


Hace bastante tiempo os hablé de 

Salir del armario es siempre una aventura difícil de emprender (que os voy a contar a los que la habéis vivido). Y aunque tú eres el principal protagonista, hay muchas personas que se ven involucradas indirectamente en mayor o menor medida.
