
C: ¿Comes ostras?
A: Cuando las tengo, amo.
C: ¿Comes caracoles?
A: No, amo.
C: ¿Consideras moral comer ostras e inmoral el comer caracoles?
A: No, amo. Claro que no.
C: Cuestión de gustos, ¿no?
A: Sí, amo.
C: Y el gusto no es lo mismo que el apetito, y por tanto no se trata de una cuestión de moralidad, ¿no es así?
A: Podría verse de esa manera, amo.
C: Es suficiente. Mi toga, Antonino.
C: Mi gusto incluye… tanto los caracoles como las ostras.
Esto definiría un poco la conversación que hemos tenido con unos amigos en el café. Como somos tan maricas típicos-tópicos, estábamos con el eterno debate: Britney o Christina. Uno, muy de Britney que la siente como su hija, afirmaba que hay que posicionarse. El otro, más versátil, decía que a él le gustaron tanto Baby One More Time como Genie in a Bottle. Y yo, que en cuanto una conversación me aburre me pongo a pensar en follar, me ha dado por divagar acerca de activos, pasivos y viceversa.
Ya hablé de los activos de perfil. Si, esos que en internet dicen ser activos y luego no. Un poco el timo de la estampita versión penetración anal. Pero yo hoy pensaba en los activos de verdad. Los de carne y hueso.



