
No se habla de otra cosa en las noticias del espectáculo hoy: The Dark Knight, el retorno de Batman, el último papel protagónico de Heath Ledger como el antagónigo Joker, es una maravilla, y está destrozando las taquillas.
Si en su primera noche, en una sóla sesión, la película de Christopher Nolan vendió más de 18 millones de dólares en entradas, el día siguiente, viernes, día laborable por cierto, ha logrado más de 66 millones de dólares. En ambos casos se ha convertido en la película más taquillera de la historia en una primera sesión y en un primer día. Sin saberse aún cuánto hará de aquí al fin del domingo, aunque las primeras estimaciones marean, y por supuesto cuánto acumulará hasta que acabe su vida comercial en la pantalla grande, el éxito de la película está siendo un réquiem sordo de ovaciones de respeto y agradecimiento, según apuntan analistas y críticos, al último gran trabajo actoral del fallecido protagonista de Brokeback Mountain.
El Joker de Ledger es antológico, dicen, insuperable según otros. Trágico, genial, terrorífico, malsano, histérico, intensísimo, colmado de matices en las muecas, en la dicción, en la mímica. En la mejor tradición de los más grandes, de los que se dejaron fagocitar por sus personajes, Heath Ledger desaparece dentro de su papel.