
Hace dos días fui a ver Elegy, lo último de Isabel Coixet, un drama poco complaciente sobre los amantes del amor y la muerte con una cada vez mejor Penélope Cruz, dando de beber miel de caña a los críticos americanos, en una sala de cine independiente. Durante los trailers, dos, por contraste, me llamaron la atención: “Another Gay Sequel”, la absurda secuela de una película absurda, “Another Gay Movie”, que como la original, parece haber sido rodada con cuatro duros para contarnos una versión actualizada y gay del clásico de la bobería calentorra “Porky’s” con locas juveniles muerrrrrrtas por chingar sin parar y así... pues vale. La otra, “Save me”, una de las protagonistas del prestigioso Festival de Sundance el pasado año, protagonizada por el interesante, en cualquier aspecto, Chad Allen.
Calificada por la revista Time Out London como uno de los más poderosos dramas gay recientes, poniéndole, exagerando o no, a la altura de Brokeback Mountain, “Save Me” cuenta la historia de Mark, un joven gay adicto al sexo y las drogas. Su hermano insiste entonces en llevarlo a Genesis House, una institución comandada por un compasivo matrimonio, volcado en la labor de curar a jóvenes de su “aflicción gay.” Tras el inicial rechazo, Mark comienza a establecer conexión con el resto de residentes, en especial Scott (Robert Gant, salido de la cantera de Queer as folk), un mentor encargado de guiar a Mark en el camino de la conversión. A medida que su relación de amistad pasa a ser romance, ambos se verán forzados a confrontar la verdad sobre sí mismos.







