Hoy, mientras volvía a casa, me encontré con el fantasma de Kurt Cobain.
Claro que esa fue sólo una primera impresión. Al acercarme algo más fue evidente que el líder de Nirvana debía seguir en un plano distante del mío. No obstante, al cruzarnos, no pude evitar girar la cabeza por un instante. Por su fuerte parecido físico con el icónico cantante y por su desaliñada belleza. Me dí la vuelta a tiempo de no chocarme con un par de negros mal encarados y sucedió que como pasa a veces que voy andando por la calle, se me ocurrió que podría hablaros de algo que quizás comparto sólo yo, aunque francamente no lo creo.



