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Hubo un tiempo en que Jon Voight, en lugar de ser ultraconservador, ganaba el Oscar por oponerse a la Guerra en Vietnam y se sentaba en círculos viajando sobre las alas del LSD, y un tiempo en que en Estados Unidos rugían las panteras negras y se saludaba con flores en el pelo la llegada de la Era de Acuario.
Dennis Hopper, Jack Nicholson y Peter Fonda filosofaban al calor de la hoguera fumándose cien porros en una sóla noche en ‘Easy Rider’, y Paul Newman y Robert Redford rompían todas las reglas y se olvidaban de toda frontera cultural y física en ‘Dos hombres y un destino’. Andy Warhol era el Rey de America desde su palacio plateado.
Charles Manson y los asesinatos de Sharon Tate y Rosemary y Leno LaBianca fueron la perfecta excusa para meter entre rejas al mesías ácido, y el tsunami del SIDA, las ejecuciones de Bobby Kennedy, Malcolm X y Martin Luther King y la llegada de Reagan a la Casa Blanca sepultaron, hasta próximo aviso, una verdadera Revolución Popular Americana.
Mientras tanto, y con toda lógica, un Hollywood mucho menos hipócrita que el que ríe hoy las gracias a vampiros adolescentes, encumbró una película, ‘Cowboy de Medianoche’, que pese a ser clasificada X por los censores de aquella época, triunfó en el emblemático año 1969 en su correspondiente edición de los Oscar.
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