
En el mundo que conocemos y en el que vivimos, en algunos locales, los homosexuales no podemos demostrar nuestro cariño por nuestra pareja o acompañante. Bueno, por poder, podemos, pero nos arriesgamos a que amablemente, o no, nos inviten a abandonar el local. O nos echen por maricones/bolleras. Con la coletilla de es que hay niños delante. ¿Es que nadie va a pensar en los niños?
Al leer esta noticia he pasado de la estupefacción más absoluta a la carcajada más descarada al mi no entender más ojiplático para acabar en el asentimiento con la cabeza más rotundo. Resulta que en el Never Mind, un bar de ambiente gay en Copenhague, había dos heterosexuales besándose y el segurata les indicó amablemente que abandonaran el local.
Esto parece una noticia de un universo paralelo y que sea la agente Dunham la que les ha echado del bar a esta inocente pareja de heteros. Pero no. Ha sido en esta realidad, en este lado, en este universo.




