
La Gran Manzana siempre ha estado podrida, podrida de dinero y de oportunidades para hacerse con él; podrida literalmente también, porque las oportunidades se aprovechan o se desaprovechan; se coge o se pierde el tren del dinero casi con la misma facilidad.
Y la Gran Manzana no es ajena a la crisis mundial y la crisis parece que ha mermado el dinero a repartir y las oportunidaes a conseguir. Los trenes no pasan con la misma asiduidad. Esto ha provocado que los más jovenes hayan tenido que, bien agudizar el ingenio, bien agarrarse a un clavo ardiendo, para poder subsistir y/o mantener su ritmo de vida en la gran ciudad, Nueva York. O eso es lo que se desprende de un fantástico artículo publicado por el New York Observer sobre la proliferación de los chicos de alquiler en Nueva York a cuenta de la crisis económica.
La prostitución es un negocio más viejo que el propio mundo. Y la crisis lo único que parece hacer es limar los escrúpulos de muchos, que durante los picos altos de la economía pueden perfectamente pagarse el alojamiento y la ropa de marca sin necesidad de prostituirse.



