Aunque adivino que muchos de los que lean esta carta estarán de acuerdo con mis palabras, quien esto firma no se dirige a usted en nombre de un colectivo, ni siquiera en nombre de este blog, sino a título personal. Lo hago como ciudadano del llamado ‘Mundo Libre’, aquel en el que se nos ha vendido la ilusión de que el poder lo ostenta el Pueblo. No obstante, como usted y yo sabemos, este discurso sobre el poder del Pueblo es más bien una artimaña estratégica para mantenernos tranquilos lo más posible, haciéndonos creer que los vaivenes socioeconómicos, la especulación sobre nuestro futuro y las crisis financieras que taponadas a base de interesados y torpes parches de pegue flojo se van sucediendo, son consecuencia de lo que directa o indirectamente la población misma provoca. Haciéndonos ver a nosotros como culpables de cómo está el patio, se nos mantiene a raya, provocando, con condescendencia, eso sí, que nos sintamos abochornados por todos nuestros males.
En cierto modo, sin embargo, no hay ausencia de razón en esto. No hay nadie más culpable de sus desgracias, que aquel o aquellos que permiten, con su pasividad notoria, que otros deshagan, a gusto, lo que siglos de lucha para alcanzar un cierto estado de bienestar y de reconocimiento de nuestros derechos han traído. A quien a base de leña tratan y consienten, leña merecen. Creo que no somos pocos los que estamos de acuerdo en esto.
Yo, sin embargo, como miembro de un colectivo sin carnet ni abono a dos años, porque miembro de dicho colectivo nací, nací también de un cierto modo que a ratos incomoda. Soy puñetero, Señor Rajoy, del mismo modo que soy gay. Ambas cosas me han traído no pocos quebraderos de cabeza. Tengo fama de difícil, majadero y en ocasiones, incluso raro. Pero respetando ambas rarezas he logrado un estatus con el que muchos sueñan pero no todos alcanzan: Soy feliz.











