
Siempre he defendido que ser gay es muy caro. No sé a qué precio está ser lesbiana hoy día, pero ser gay es una inversión muy cara, que luego no te conlleva a nada.
Y es que, ya de por sí estamos sometidos a la presión del getto. Has de tener el corte de pelo perfecto, la barba perfecta, ir a la peluqueria de moda. Ir al gimnasio, claro, porque ser gay y tener tripita es un delito tipificado por la ley, de todos es sabido. Has de llevar toda la ropa que sale en la Zero, nada de Inditex. Debes comer en los restaurantes de moda y cenar en los locales más chic, que ir al chino es de pobres. Los viajes más largos en los hoteles más caros. En fin, lo básico para ser un gay de catálogo.
Ni que decir tiene que todos los gays tenemos que vivir en Chueca. Hay que dejar la vida en la ciudad pequeña e ir a Chueca. Y no vale con alquilar una habitación en un piso compartido con 3 erasmus y una tipa loca que se haga cortes en las piernas. Eso no. Tienes que tener tu piso propio, intenta que sea un loft, y tener dos gatas. Los perros están super out.
A todos estos gastos has de añadir una mega pared. Como de 5 metros de larga. ¿Para qué? Pues para la cantidad indecente de calendarios que salen por estas fechas y que están muy enfocados al público gay. Porque ¿a quién no le gusta tener un tipo descamisado, hasta las cejas de aceite en la pared de su casa?



Si hace poco hablábamos de cuando 





