Me miro poquito al espejo. Confieso que durante una época, allá por el tránsito a la treintena, me miraba las incipientes patas de gallo con insistencia, preguntándome en qué momento y de qué modo, aquel microsurco había pasado a ser de mueca de sonrisa a pliegue permanente. Sin embargo la presunción jamás me tuvo de su lado y donde unos vieron y otros siguen viendo un manantial de morbo que para mí nunca dejó de ser un rostro agradable a la mirada distraída, yo cada vez veo al de siempre, envejeciendo, eso sí, menos de lo que gente de mi edad o más joven acostumbra, algo que, reconozco, ha resultado serme favorable en el amor, aunque fuera el de polvo y mitad.
Por eso mismo me sorprendí el otro día, cuando repasándome con tijeras la selvilla de la entrepierna, miré hasta tres veces para confirmar algo inaudito hasta entonces. De entre el bosque ensortijado de las paredes del escroto, curiosa o atrevida, asomaba una cana.




Hoy se ha celebrado el Día Europeo de la Salud Prostática, una buena ocasión para recordar la importancia de que
Ir al urólogo sigue siendo una de las grandes cuentas pendientes del hombre. Y el motivo no es otro que el miedo. Según el
Con bastante frecuencia tengo la impresión de que como gays, intentamos batir el récord de polvos acumulados, de conquistas fáciles e imposibles. Yo no soy una excepción a la regla. He sido parte ejemplar de la misma. Y no me arrepiento de ello, que conste, aunque tampoco he ido haciendo marcas en la pared de las que hacen los reclusos, agrupando de siete en siete el número de amantes fugaces o de breve compromiso que llenaron de medallas mi currículum.

La idealización de la belleza joven ha sido una constante en el mundo Occidental desde la Grecia Clásica seguro, pero desde antes, desde siempre en realidad, tal vez.
