
El pasado mes de marzo, Peibols nos anunciaba que Bratislava, la capital de la República Eslovaca, iba a celebrar su primer Orgullo el 22 de mayo. Pero lo que prometía ser una fiesta de la visibilidad y de la igualdad, ha acabado como el rosario de la aurora, ya que la marcha del Orgullo de Bratislava tuvo que suspenderse por el ataque de neonazis.
El esquema de estos hechos en muchos países del Este de Europa es el de siempre. Los colectivos LGBT convocan la manifestación, siempre con la venia de las autoridades, por supuesto. Los ciudadanos que buscan la igualdad de todos por igual y sin distinción alguna, acuden de forma pacífica para reivindicar sus derechos. Y después, si las autoridades no han garantizado las medidas de seguridad mínimas, los radicales de extrema derecha ataquen a los manifestantes.




