
Este no es un blog de cine, y Hairspray no es una película gay, pero su estética es tan rematadamente camp, que dudo mucho que sugeriros esta película desde Ambienteg esté fuera de lugar. Por eso lo hago.
Estrenada en un fin de semana duro en Estados Unidos, en el que ha tenido que competir con el último chiste de Adam Sandler o con la segunda semana del quinto Harry Potter, Hairspray no sólo ha logrado un fantástico tercer puesto en taquilla sino que si se ha quedado ahí, ha sido con muy poca diferencia en recaudación con las dos anteriores. Además, las excelentes críticas que ha cosechado en el momento de su estreno, pueden hacer de ella la más exitosa adaptación de un musical de Broadway al cine ¿desde los tiempos de?... ni se sabe, porque tanto “Los Productores”, como “El Fantasma de la Opera” y similares macroproducciones acabaron siendo auténticos fiascos en la taquilla.
¿Dónde está la clave del éxito (al menos inicial) de Hairspray? Los factores son varios. Os enumeraré unos cuantos, a ver si os convenzo lo suficientemente como para arrastraros al cine a verla… al cine he dicho. Que esta peli es de alegría contagiosa y no se disfruta igual en casa con una calidad mediana que en pantalla grande y con cantidad de gente alrededor.

Hoy, mientras volvía a casa, me encontré con el fantasma de 
La estética de los genitales rara vez genera repulsión, o al menos no debería, pero lo cierto es que parecen no haber posturas unánimes. Hay a quien un paquete bien puesto, le parece el sumun de la belleza física. A otros les parece un amorfo amasijo de órganos colgantes que nunca debieron haber bajado del vientre, pero lo cierto es que ahí están para fortuna de todos… de todos aquellos que sepan disfrutar de ellos.
Cuántas veces se ha oído en la televisión o en reuniones de amigos a una mujer diciendo: “lo que pasa es que vosotros no sabéis lo que duele eso”. Por supuesto la afirmación se dirige a los hombres de la reunión, y el tema es la depilación a la cera.
