Los Chicos de la Fraternidad
Una de las mejores cosas de vivir en una ciudad universitaria en Estados Unidos, es que al salir a correr temprano por las mañanas, acariciado por la brisa de los robles que remansan el aromático skyline del campus, es encontrarte de frente con uno, dos o cinco Frat guys o Frats a secas haciendo el mismo recorrido que tú.
Vas corriendo, con la cabeza emcapuchada soportando la helada que empieza a tomar viento y se te cruza un midwestern guy con su pelo duro cortado al uno, y con un ligero saludo de cabeza, un espontáneo guiño color cobalto y un casi imperceptible ‘good morning‘, agradecible costumbre gringa casi genética de confraternidad con los extraños, se aleja en dirección opuesta abrigado por una sudadera de azul y amarillo universitario. Veinte minutos más tarde vuelves a verlo, mismo ritmo el cabrón, idéntica sonrisa, pero esta vez, el jadeo sólo permite un ahogado ‘Heyp‘, y durante un nanosegundo imaginas sus preciosas bolas rubias golpeándose al compás de muslo a muslo. Qué deliciosa manera de empezar el día.


