Para poder votar este post tienes que identificarte o registrarte aquí.
Para votar este post conéctate con Facebook
Connect

La primera vez que fui a una ‘mani’ del orgullo tenía 18 años recién cumplidos, y las llamábamos así, ‘manis’, porque, como mínimo en Barcelona, eran manifestaciones, o sea, desfiles un tanto aburridos con un sesgo político marcadísimo.
A mi primer orgullo asistí con mucho miedo, junto con no más de 200 personas; fue algo solemne, un paseo serio y reivindicativo.
Fue serio porque así lo montaban las asociaciones y, todo hay que decirlo, estaba mal visto el espectáculo. Consideraban que era “frivolizar” un espacio político-reivindicativo.
Por aquel entonces yo pensaba lo mismo, pero estaba equivocada.
Me di cuenta de mi error al pisar Madrid. Mientras que en Barcelona siempre éramos 4 gatos muy serios, en Madrid había carrozas, gente en pelotas, disfraces especiales para la ocasión y sobre todo mucho heterosexual. Todo Madrid estaba allí.
Leer más