
El gaydar es ese músculo que tanto nos cuesta mantener en forma. Todo sería más sencillo si las heterosexuales no se fijaran en la moda lésbica para marcar tendencias, pero lo hacen porque, aunque no quieran confesarlo, nosotras sabemos detectar las tendencias como nadie –mi teoría es que es un efecto secundario del gaydar-.
Hubo un tiempo en el que cuando veías una chica con una camisa a cuadros sabías que o era lesbiana o leñadora en Alaska y, como Alaska nos queda muy lejos, pues la solución resultaba evidente. Pero un buen día la moda te juega una mala pasada y la secretaria hetero de la oficina, esa que siempre va a la última, aparece con una camisa a cuadros comprada en Zara y ¡zasca! se crea un cisma en tu gaydar y sabes que nunca más una camisa a cuadros será una señal de lesbianismo –aunque necesitas tener al menos una en el armario para que te den el título de lesbiana-.










