El 2009 puso otra vez su nombre en boca de casi todos. Enfant terrible de nuestro cine, calmado y fascinante a un tiempo, este chileno/español modulador de imágenes, cuentacuentos de extraordinario éxito, Alejandro Amenábar es un perfecto ejemplo de una extraña especie de cineasta, el que es capaz de moverse entre gran aparato, manteniendo intacta su calidad independiente sin dejar, por ello, de deslumbrar al gran público.
Compositor, montador, guionista, productor y director de cine con la sanísima intención primera de entretener desde el espectáculo o el drama, Amenábar abrió una profunda brecha en el cine ibérico, demostrando a la pequeña industria española y al Mundo, que sin ninguna clase de complejos, podemos, si queremos, estar a la altura de los más grandes con pasión y profundo respeto por las reglas de la industria y las expectativas de la audiencia.












