OK. Para empezar, que quede claro que me consta que Taylor Lautner no es plato para todos los gustos. ¿Motivo? Para la mayoría de sus detractores, el actor es ídolo de nenas, gracias sobre todo, a una saga vampírica que va más allá de lo insufrible, algo que pesa poco a sus protagonistas, porque su éxito les está abriendo puertas y menos aún a sus productores porque tienen sus cuentas ardiendo en cifras. Para los demás, Lautner es un tipo dulce y educado que ha tenido la buena suerte de tocar la fama con toda la palma de la mano. Que le dure. La buena gente lo merece y ya que no todos estamos tocados por la diosa fortuna, que menos que desearle lo mejor a quien la tiene sin haberla mangado a los demás.
El caso es que Taylor Lautner se va de cena allá por Junio al ‘Bottega Louie’, uno de los restaurantes más exclusivos de Downtown Los Angeles con dos talentosos cineastas, el director Gus Van Sant, realizador de films como ‘Mi Idaho privado’, ‘Mi nombre es Harvey Milk’ o ‘Paranoid Park’ y el guionista y activista Dustin Lance Black, ganador de un Oscar por su trabajo en ‘Milk’ y del que próximamente veremos su firma en la gran pantalla escribiendo el ‘J. Edgar’ de Eastwood. Para quien no lo sepa, ambos son gays reconocidos.
Al bueno de Lautner, como toda aquella nueva y no tan nueva estrella joven y atractiva de la gran pantalla, se le cuelga el sambenito de presuntamente gay hasta que no se demuestre lo contrario y aún cuando se demuestra lo contrario, la sospecha persiste. El caso es que a raíz de esa cena en Junio con los dos cineastas, el periodista de la edición australiana de GQ, Mickey Rapkin, le ha preguntado al actor más o menos que si Van Sant y Lance Black intentaron llevárselo a un lugar apartado y pasárselo de vicio juntos. Lautner contestó: ‘No, definitivamente no. Creo que saben que soy hetero, pero son grandes chicos. Son muy divertidos‘. El actor respondió todo lo cordialmente que creyó necesario. Dustin Lance Black, sin embargo, se ha pillado un empute de aquí te espero.




