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Cuando te lías con alguien, pues es con él (o ella) con quién te lías. Luego si la cosa va a más, pues venga, a ponerse serios, que hay que intentar batir el récord de los tropocientos años de papá y mamá juntos. Si el tema pasa a mayores, afortunadamente porque por desgracia no es tan común como quisiéramos, y aunque sea por el forro (no de los cojones) acabas conociendo más tarde o más temprano a tu familia política, aunque hayas dejado claro que tú te has liado y te casarás, llegado el día, con tu chico, no con todo su apellido. Pero va, venga, que tu suegra quiere conocer a su nuevo yerno para confirmar que su precioso bebé está en buenas manos, el suegro quiere echarte un vistazo militar para despedirse al final con un abrazo arrugadísimo que te lleva a pensar, al fin, que has conocido al señor más dulce del mundo, la cuñada quiere escanearte de arriba a abajo para asegurarse de que su hermanito va del brazo de un señor hecho y derecho y al que le sientan además los jeans ideales, y tu cuñado, todo un personaje, quiere asegurarse de quién es aquel que va por ahí rompiéndole el culo al tete y tal.
Luego, la cosa puede quedarse ahí o tirar para más. Puede que coincidas con ellos sólo en el día de la boda, si esta llega, o en ocasiones especiales y ya, o puede pasar que la relación sea más intensa, y acabes acompañando a tu suegra a la peluquería o a aconsejarle sobre la camisa favorita para su hijo o a ayudar al manazas de tu suegro a desvirarle el ordenador que se flipó con la cantidad de mierdas que se baja de la red sin ni siquiera darse cuenta, o a invitar a tu cuñada a comer porque pilló la depre por culpa de la patada traicionera que le soltó no sé quien presunta vieja amiga que resultó ser una zorra de mil pares de cojones, y acaba tu chico echándote en cara, aunque se le pase con el primer besito, que le dedicas más tiempo a su familia que a él, aunque sea mentira, pero es que le pone hacerte drama y pucheros de vez en cuando, para que le acurruques y le mojes los labios cuando se tercia y cuando no, cuando estás a ello y cuando has llegado tan cansado a casa, que sólo te apetece echarte en el sofá boca arriba para que te dé masajitos en los pies.
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